Viviendo y dejando vivir en el paraíso naturista

El que esté pensando en pasar unos días de sus vacaciones de verano en Berlín disfrutando de la combinación entre vida urbana y natural, con sus parques interminables y sus lagos a las afueras, que se prepare para conocer un detalle poco comentado en general. A los berlineses les encanta el nudismo, mucho más allá de lo que nuestra conciencia colectiva considera normal.

Y es que uno puede entender que en un lago, por muy cerca que esté de la ciudad, alguien se sienta integrado en la naturaleza y se decida a disfrutarla… como Dios lo trajo al mundo. Pero estar paseando por uno de los parques emblemáticos de la ciudad, a solo unos minutos de la puerta de Brandemburgo, y encontrar una explanada verde repleta de gente desnuda… reconozcámoslo, le choca a cualquier europeo del sur conservador.

Lo bueno es que ellos lo llevan con absoluta naturalidad. El nudismo forma parte de la cultura alemana desde hace mucho tiempo. Una de sus épocas más conocidas es la de la división alemana, cuando en la RDA se puso de moda lo que llamaron cultura del cuerpo libre, FKK en sus siglas en alemán. Los campamentos nudistas proliferaron y la desnudez se convirtió en un símbolo de la libertad que faltaba en otras áreas.

Probablemente por eso, tampoco al Gobierno socialista le apasionó nunca la idea de la FKK (que, sin embargo, ha pasado a la historia como una de las características de aquel sistema). De la misma manera, a los nazis no parecía gustarles demasiado el naturismo, que muchos relacionaban con la libertad de los tiempos de la República de Weimar. Los archivos de cinematografía que se conservan en el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán muestran el rechazo de los nazis a los documentales de esa época que mostraban la cultura del nudismo.

Hoy por hoy, en cambio, está más que socialmente aceptado. Desde los recatados que toman el sol en el centro de la ciudad en ropa interior, pasando por los que utilizan bañador en los lagos pero después se cambian abiertamente, sin ocultarse (a la mismísima cancillera, Angela Merkel, la pillaron in fraganti en pleno cambio hace un par de veranos), hasta, por supuesto, los fans absolutos del naturismo.

A tanto llega la pasión de estos últimos, que ya hay decenas de agencias de viajes especializadas en vacaciones de este tipo. Una web alemana ofrece incluso el primer vuelo nudista (europeo, porque en Estados Unidos ya existen), además de cruceros y !!hasta safaris!! Todo lo que puede hacerse en vacaciones, puede hacerse también sin ropa.

En cualquier caso, y a pesar de la conmoción inicial, la tendencia a quitarse toda la ropa posible en cuanto el termómetro sube más allá de los 30 grados acaba transmitiendo realmente cierta sensación de libertad. Para los que vengan dispuestos a integrarse del todo, se recomienda llevar un traje de baño a mano –solo para superar las primeras reticencias–. Y los que no, pues que no se asusten, que tampoco es que la gente vaya desnuda en el metro. Miren para otro lado, vivan y dejen vivir.

Fuente: El Periódico – Junio 2008. Autor: Paola Álvarez.

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