Baroña 1983, la verdad al desnudo

Se cumplen veinticinco años del movimiento “despelotador Tetiñas free”. El búnker del arenal desató las iras de los vecinos contra los nudistas. Entre julio y agosto de 1983 la infantería sociológica de las libertades bajó a la arena en traje de faena, o sea, en cueros, arrumbada por insultos, denuncias, detenciones, procesamientos, apaleamientos y agresiones.

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Baroña, playa recolecta y discreta del municipio de Porto do Son, se convirtió en el verano del rodillo socialista, hace ahora 25 años, en parlamento del escándalo público y en templo del pecado original.

En plena democracia (Transición), la falocracia no había sido sustituida ni derogada por otra ley, de modo que la única visión formal tenía que responder a la de Felipe González (el presidente) en el Azor o la de Manuel Fraga (jefe de la leal oposición) en Palomares. Fuera de esos límites, las carnes más o menos pudendas estaban precintadas por una síntesis pecaminosa.

Así que para meter en el mismo saco cuestiones sociales de difícil encaje por entonces como la rampante apocalipsis del sida, la ecología, la homosexualidad o el urbanismo que, no por subyacente, era menos salvaje, los gladiadores de Baroña se lanzaron en pos de una “lucha firme, festiva, revulsiva, poética y vital por la libertad y la verdad al desnudo”.

El profesor de la Facultad de Económicas de la USC, Miguel Cancio, que recibió las aguas bautismales en el Café Bar Azul de Santiago como fundador y portavoz de la Coordinadora Nudista Ecológico Radical (CNER), explica a EL CORREO que ésta surgió para que “los nudistas, de forma libre, responsable y respetuosa pudiesen practicar tranquilamente el naturismo” y para denunciar “el arrase urbanístico llevado a cabo en las costas gallegas”, especialmente con “el búnker de Baroña”.

Un edificio de cuatro pisos levantado ilegalmente al borde de la playa, cercado por una horrenda muralla de hormigón, en una zona considerada paisaje de especial protección y, a su vez, en los aledaños de uno de los castros celtas arqueológicamente más relevantes de Galicia.

La construcción ilegal del búnker quedó con el culo al aire tras el brillante alegato de los profesores Pedro Arias y Miguel Cancio, a partir de lo cual, la coordinadora y su núcleo duro, José Aznares, Mercedes García Valcárcel, Amparo Casal, Ricardo Valdés y Javier Ferreiro, todos médicos, lograron dar con el dicho ajustado a su teima: “Mente sana y no corrupta, en cuerpo sano, honrado, soleado y despelotado” que ponía, cuando menos, en solfa el furor de los especuladores urbanísticos.

Desde el momento en que la coordinadora presentó denuncia formal contra el búnker, los nudistas sufrieron todo tipo de escarnios. “Fuimos insultados, agredidos y perseguidos por los lugareños debidamente azuzados”. Y a modo de amenazas, a punto de concretarse, “tixeiras para nos cortar as piroliñas”.

El argumento utilizado por los especuladores urbanísticos consistió en dar pábulo a que las tierras de monte y de labradío, idóneas para la construcción de chalés, perderían valor de echar raíces la colonia de nudistas por sus connotaciones escandalosas, según la moral al uso.

Nada más lejos de la realidad. La coordinadora basó su defensa en que “Baroña era una playa apartada, de difícil acceso y minoritaria” y que el nudismo se practicaba en dicha playa desde los años 70. ¿En vida de Franco o después de la muerte del jefe del Estado?.

El sociólogo de Vegadeo documenta que “Baroña era la playa de los alemanes, grupos reducidos de turistas alemanes practicaban el nudismo, no molestaban a nadie. Por tanto, en Baroña había coirismo (en cueros) antes de que muriese Franco”.

Fichados como delincuentes

En el verano de 1983, catorce nudistas fueron detenidos en el arenal sonense por guardias civiles que, según Cancio, estaban “armados de subfusiles”. Los detenidos, acusados de escándalo público, fueron obligados a presentarse en el cuartel de Santiago, “y fichados como delincuentes”. De hecho, se les fotografió de frente y de perfil.

A partir de las resonancias de Baroña y de los resortes que pulsó la coordinarora -la agencia Efe prestó cobertura internacional a los hechos-, comenzaba la larga travesía de la despenalización del nudismo. Chicas que practicaban el toples -lo que Cancio llama Tetiñas free- en la playa de Las Teresitas (Tenerife) y en la de Chiclana (Cádiz) terminaron procesadas por el corpus delicti. Nada comparado con “los cuiños, piroliñas, perrechiñas, carrachudiñas y ameixiñas free” que en Galicia se habían “desnudado del hombre viejo”. (San Pablo).

El culo al aire, en verano y para el baño, es sano y no hace daño

Los profesores de la Universidad de de Santiago Miguel Cancio y Pedro Arias denunciaron la ilegalidad del búnker de Baroña, para lo cual y en primer lugar requirieron los servicios de un notario, que levantó acta en el mismo arenal sonense.

Arias, a la sazón concejal del Ayuntamiento de A Coruña, protagonizó y politizó debates en torno al nudismo, especialmente en los plenos municipales.

Los miembros de la Coordinadora Nudista, que no eran precisamente unos indocumentados (Marta Díaz Paredes, filósofa; Teresa Figueiras, economista; Rosa Costas, historiadora y los médicos citados, presentaron ante la Comisión Provincial de Urbanismo de A Coruña un documento tan sobrado de argumentos inobjetables que ésta terminó por declarar ilegal la construcción y el cercado del búnker.

La coordinadora también supo moverse -y sacrificarse- en el frente mediático, facilitando el trabajo informativo de la agencia Reuters y de diversas televisiones de EEUU, Alemania y Portugal. El victivismo de los perseguidos tuvo incluso eco en el diario The Hong Kong Standard.

Pero la detención de los adanes de Baroña recorrió medio mundo gracias al impacto que produjo la imagen de una mujer, estaca en mano, persiguiendo a once despelotados/as a lo largo del arenal gallego.

En referencia al “sacrificio” de la coordinadora, cabe citar el ejemplo de Miguel Cancio que, comprometido con Pepe Navarro (TVE) para grabar unas escenas en Baroña, tuvo que prescindir de su ropa y de guarecerse bajo un paraguas de una tarde de perros para sostener una gran pancarta que rezaba ”San Pablo: desnudaos del hombre viejo… alcalde, gobernador, Xunta, responsables”.

En el programa de la tarde, de Pepe Navarro, emitido días después de su filmación, Cancio se lució en el momento de recomendar a “don Manuel que el culo al aire, en verano y para el baño, es muy sano y no hace daño, y qué mejor que acudir así a la playa en cueros vivos para que sus fans pudiesen contemplar arrobadas sus pluritituladas cachazas”.

Uno de los episodios más curiosos de hace 25 años se produjo en el Juzgado de Noia. Conviene recordar que cuando Cancio, Arias y Sanz de Siria proclaman ante las puertas de la magistratura “libertad de cul(t)os”, tres de los bañistas de moral disoluta habían dormido tres días y tres noches en la trena.

Entonces, el sociólogo asturiano actuó de abogado defensor de los catorce detenidos para citar como testigos judiciales a Felipe González y a Manuel Fraga. “Con la ley franquista (Código Penal) sobre las formas de baño y que (en 1983) no había sido sustituida o derogada por otra, ambos dos (González y Fraga) habrían incurrido en el delito o en falta por escándalo público tal y como está claramente tipificado en dicha ley franquista”.

La contumacia de la coordinadora llevó el asunto al Parlamento español con el objetivo de su despenalización. Hoy, 25 años después, no hay ley que limite, sancione o prohíba la exhibición de “tetiñas y piroliñas free”.

Desnudo real en el yate de Agnelli

“Nada más producirse las detenciones de los coiristas gallegos en Baroña, además de un rosario de agresiones y persecuciones, la coordinadora se dirigió al jefe del Estado, a su Majestad Juan Carlos I, recuerda el profesor Cancio.

“Cuando en 1995 se dio cuenta del nudismo del Rey de España, la coordinadora hizo público un comunicado bajo el título de “En Real y muy noble pelota picada”.

La Casa Real no entró al trapo. En realidad, el hecho pertenecía a la esfera estrictamente privada del monarca que, invitado al yate de Gianni Agnelli (patrón de Fiat), se zambulló en alta mar. El poderoso zum de un fotógrafo captó el momento, descontextualizado luego por las revistas italianas.

Cancio, el eterno profesor joven, mantiene el estatus de solterón, no por ello, confiesa, se ha lucrado de la progresía femenina. A Isabel Tocino, dirigente de AP, le cayó bien, de otra forma no se explica que su observación (en Radio Tres) quedara sin respuesta: “Doña Isabel, qué mejor que liberalizar el nudismo responsable para que usted y otras como usted pueden lucir sus tocinetes al sol”.

La etapa más polémica del desnudismo gallego coincidió con Rouco Varela en el pazo de Xelmírez. Sabino Lema, párroco de Baroña, que supuestamente había incitado a los vecinos y avisado a la Guardia Civil para que detuviera a los bañistas, fue invitado a un debate, organizado por la coordinadora en el Ateneo de A Coruña. Para ello necesitaba el permiso del arzobispo de Santiago. “Diplomacia vaticana de monseñor Rouco: Se autoriza a don Sabino Lema para que intervenga en el debate, pero no se lo recomienda”.

La coordinadora celebró en el ruinoso mosteiro de Oseira el I Encierro Nudista Xacobeo para citar al vaticanista Jean Guitton: “Hay que preferir lo impuro a lo puro para salvar lo verdadero”. O como decía Platón: “El cuerpo no es la cárcel del alma”.

Fuente: El Correo Gallego – Agosto 2008. Autor: Roberto Qumata.

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