¡Absolutamente recomendable!

Me llamo Ibon y soy un chico de 36 años de Barakaldo, Bizkaia. Va a hacer ya 9 años de mi primera experiencia nudista, y en su día esto fue lo que escribí para describirla:

Me encantan el mar y la montaña, pero especialmente en verano me gusta ir corriendo por la tarde hasta la playa los días de buen tiempo (vuelvo en autobús o metro). Suelo ir hasta la playa de Azkorri, a la que he ido con mi familia desde pequeño. El recorrido es largo pero merece la pena. Después de tanto ejercicio apetece un baño, pero solía llegar cuando el sol se estaba poniendo y comenzaba a refrescar. Además si me bañara, tendría que volver con el bañador mojado.

Hasta que un día de agosto decidí salir antes a correr pensando en llegar con tiempo para meterme en el agua y poder salir sin resfriarme demasiado (también es verdad que podría ir por las mañanas, pero durante el invierno estoy acostumbrado a entrenar por las tardes). Me conciencié de que sería mucho más práctico si me bañaba desnudo, así no tendría que andar luego con la ropa mojada.

Pues allí estaba yo, después de una paliza monumental corriendo (era un día de fuerte calor), por fin en la playa. Hacía siglos que no iba, aunque hasta entonces siempre con bañador (salvo cuando era niño). Me quité las zapatillas y fui caminando por la orilla, todavía vestido, hacia la zona nudista. La playa de Azkorri suele dividirse extraoficialmente en dos zonas, la textil y la nudista, aunque se puede cruzar la “frontera” sin problemas (a excepción de una temporada en que el alcalde prohibió la práctica del nudismo). Estaba nervioso, sí, me cruzaba con gente desnuda, con gente vestida, y me ponía más nervioso todavía. Al llegar casi al final de la playa, sin embargo, no demoré mucho más la decisión. Solo llevaba camiseta y bañador; me los quité tranquilamente y… ¡TACHÁN! mi cuerpo desnudo al sol y acariciado por la brisa marina.

Ibon en Getxo (Bizkaia), y cerca de Llanes (Asturias).
Ibon en Getxo (Bizkaia), y cerca de Llanes (Asturias).

He leído varios testimonios de otras personas describiendo las sensaciones que se perciben y ahora puedo decir que son auténticas. Al desprenderme de la ropa fue como si todos los miedos desaparecieran con ella. Yo que era de los que asociaba el cuerpo desnudo solo con el sexo, descubrí que no era así tampoco para mí. Porque además del miedo a ser observado, él que menos me preocupaba, estaba el miedo a la coherencia o la sinceridad de mis actos ¿estaba allí por convicción propia, para gozar del contacto directo con la naturaleza, o me movían oscuras intenciones de “voyeurismo”?.

Lo primero que hice fue dejar la ropa entre las rocas y pasear por la orilla, como hacían varias personas. También había gente tumbada en la arena, jugando con las olas en el agua, echando partidas a pala. Desnudos. Desnudas. A pesar de las placenteras sensaciones, de la libertad que sentía, me sorprendió que yo no reaccionara como temía, excitándome sexualmente ante la visión de otros cuerpos desnudos estando yo también desnudo. Y miraba a la gente con la que me cruzaba, sobre todo a las chicas, pero con total naturalidad, de la misma forma que cuando voy por la calle, donde todo el mundo va vestido, o en la zona textil, donde usan bañadores y bikinis: te fijas en el cuerpo de lejos, en la cara cuando te acercas más, con la mirada como de paso, observando el paisaje. Porque esas personas forman parte del paisaje, del entorno natural. Y yo también. Incluso comenzaba a parecerme raro, fuera de lugar, que hubiera personas vestidas ¿No se sentirían incómodas?

En cuanto a la vergüenza personal, poca. Me encuentro a gusto con mi cuerpo aunque dicen que estoy delgado, pero me encuentro en forma. Incluso a pesar de que ese año no había tomado mucho el sol y parecía que llevaba camiseta, pantalón corto y calcetines por las marcas del moreno montañero.

Suelo ser bastante tímido, pero como allí no me conocía nadie… O eso pensaba yo. Tras mi primera vez, repetí varias más, ya sin ir hasta allí corriendo. Un día, estando paseando por la orilla buscando un lugar adecuado para entrar en el agua (Azkorri es bastante rocosa y hay que ir con precaución), de repente divisé a lo lejos una pareja que me resultaba familiar. Eran un amigo y su novia. Estaban vestidos. ¡Horror! ¡Quería esconderme y no podía! ¡Y ellos se acercaban cada vez más!. Con el corazón al límite de pulsaciones, se me ocurrió que no debía ocultarme. ¡Si es lo más natural del mundo! Cuando nos cruzamos, nos miramos, sonreímos y nos saludamos. No he tenido ocasión de volver a hablar con él (es un viejo amigo del instituto), así que no sé cómo se sintieron ellos.

Carrera Nudista de Sopelana – Trofeo Patxi Ros .
Carrera Nudista de Sopelana – Trofeo Patxi Ros .

ENE, la asociación vasca de naturismo, suele organizar varias actividades durante el año. He participado en la ya tradicional Carrera Nudista de la playa de Barinatxe/La Salvaje en Sopelana y, cuando el horario me lo permite, voy a la piscina municipal donde han conseguido acordar un horario para uso nudista. Yo solía ir solo y no estaba muy concurrida. La sensación de nadar desnudo era maravillosa. Además, me deleitaba buceando y bailando dentro del agua, sintiendo cómo el agua acariciaba todo mi cuerpo, dejando mi espíritu libre. Tener que ponerme el bañador cuando iba a la piscina en cualquier otro momento no resultaba nada atractivo y era toda una liberación poder quitárselo en la ducha, donde a veces llegaba a pasar más tiempo.

Monte Eretza.
Monte Eretza.

Pero no solamente tuve oportunidad de disfrutar desnudo en la orilla del mar o en la piscina. Un caluroso sábado por la tarde decidí hacer un recorrido desde el pueblo de La Quadra hasta La Arboleda. El primer monte a ascender era el Eretza, con una pendiente final muy pronunciada. Desde allí era posible divisar la mayor parte del camino que debía seguir. Aparte de rebaños de ovejas, caballos o vacas, no se veía a nadie más. Entonces me animé a quitarme la ropa y continuar desnudo por el monte como me contaban que hacían algunos. Fue increíble. Llevaba los pantalones cortos a mano por si me cruzaba con alguien, pero no tuve que recurrir a ellos hasta el final, al llegar a una pista ancha de tierra y escuchar dos motos acercándose (no me da vergüenza mostrarme desnudo, pero temo las reacciones de personas poco o nada tolerantes). Anduve completamente solo durante unas dos horas o más y disfruté enormemente de la paz y la libertad fruto del contacto directo con la naturaleza. Llevaba cámara de fotos sin trípode, así que no pude retratar mis sensaciones de aquella nueva experiencia (único percance: rozaduras de la mochila). Una pena también no tener compañía con quien poder compartirlo.

Playa La Salvaje (Barinatxe).
Playa La Salvaje (Barinatxe).

Con la llegada del verano pasé todas las horas que pude en la playa, tanto en Azkorri como en La Salvaje. Al ir solo, mis actividades consistían en tumbarme al sol, leer, admirar cielo y mar, pasear (mucho) o correr por la orilla. Me aventuraba incluso en la zona “textil”, aunque en realidad no existe ninguna frontera. Nuevamente me volví a encontrar con un par de amigos, aunque esta vez todo se desarrolló de manera completamente natural: nos saludamos, hablamos y en ningún momento nadie se escandalizó porque yo estuviera desnudo.

En mi opinión, el cuerpo desnudo se integra con el paisaje mucho mejor que esos bañadores y bikinis de colores chillones. Puede pasar hasta desapercibido y solo llama nuestra atención si no estamos acostumbrados a la desnudez de los cuerpos ajenos. Sin embargo, es maravilloso contemplar cómo cambian los colores del agua, de la arena y de la piel con la luz conforme el sol se desplaza por el firmamento. Todo ello forma un conjunto de gran armonía.

Una prueba que hice fue un primer intento de depilación, como veía que hacía mucha gente. Empecé recortando con las tijeras el vello del pubis y del culo. Como no quedaba muy igualado recurrí al afeitado. La verdad es que resulta complicadísimo hacerlo uno mismo. Además requiere retocarlo con frecuencia. En cualquier caso, dejando al margen el aspecto físico del resultado final (depende del gusto de cada uno), me parece una medida bastante higiénica porque, igual que con el pelo de la cabeza, dejas menos pelos en la bañera si recortas el vello, por ejemplo. Otro descubrimiento curioso relacionado con mi cuerpo es que la piel que llevaba años sin ser expuesta al sol (culo, ingles, genitales) no se llegó a enrojecer siquiera a pesar de que otras partes, como los hombros o las piernas, se me quemaron por pasar demasiado tiempo al sol.

Por otro lado, me gustaría comentar un par de anécdotas que me sorprendieron. Estando en la playa un día un tanto desapacible, vino a sentarse y conversar conmigo un chico (desnudo pero en camiseta) completamente desconocido para mí. He de reconocer que fue agradable estar acompañado y poder charlar con alguien, pues el nudismo también es una forma de socializarse, ¿no? Sin embargo, me pareció intuir que su intención era ligar conmigo (si no era así, lo siento), así que decidí retirarme. Es halagador que se interesen por ti, pero sigo prefiriendo a las chicas.

De todas formas, no resultó una situación tan incómoda, pues se comportó de manera educada. En otra ocasión, fue más desagradable (todavía tiemblo al recordarla). Estaba contemplando el atardecer cuando otro tipo se tumbó unos metros detrás de mí. También iba desnudo y no le di la mayor importancia. Cuál sería mi sorpresa cuando, al girarme unos instantes después, le pillo masturbándose… No me importa que me miren, o que me sacasen fotos, aunque no me considero nada atractivo. Es más, a veces, disfrutando desnudo al aire libre, las sensaciones pueden ser erotizantes y yo también me he sentido excitado. Pero aquello sobrepasó el límite. Soy bastante tímido y no me atreví a decirle nada. Ya me había fastidiado la puesta de sol así que me vestí y me marché. He de aclarar que no me considero excesivamente puritano y el sexo me gusta como al que más, pero opino que requiere cierta intimidad y privacidad a falta de una mínima confianza. Ni me dijo nada, ni pidió permiso…

En cualquier caso, ahora puedo decir que es una gozada bañarse desnudo en el mar, incluso en el Cantábrico, o en la piscina, pasear desnudo al aire libre o, si el frío lo permite, vivir desnudo en casa. Es tan agradable que raya en lo espiritual ¿Desde cuándo no sentía todo mi cuerpo envuelto completamente en agua y en contacto directo con el líquido elemento? Casi un retorno a los orígenes ¡Absolutamente recomendable!

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2 thoughts on “¡Absolutamente recomendable!

  1. Hola, tengo 38 años, practico nudismo desde hace unos 8 años en Azkorri y también en Cantabria.Suelo ir a la playa de Azkorri desde hace unos tres años más o menos. El ambiente de esta playa es bastante sano y me suelo colocar en la zona “nudista”, si bien no hay ningún problema por pasear desnudo o bañarse en la zona “textil”.
    A esta playa acude gente como Ibon, que tras hacer deporte, va a darse un baño desnudo, entre ellos, gente que acude en bicicleta. Además, hacer deporte desnudo también es muy gratificante. A veces corro o juego a palas en bolas y se disfruta mucho.

  2. Bonita historia la de Ibon! A mi, aquí en el sur, me ha pasado casi todo lo que comenta, supongo que son cosas comunes a todas las playas nudistas apartadas. Por suerte parece que el respeto es algo que se da en todos lados, y si no se le da más importancia la experiencia es fantástica 🙂

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