Así es la vida de la Familia Arcoiris

Como dicen algunos de sus miembros, son “la mayor no organización de no miembros del mundo”.

Guatemala, en Alta Verapaz, reunión mundial Arcoíris, noviembre 2012

Los encuentros del movimiento Arcoiris son celebraciones utópico-anarquistas new age; eventos en los que los principales protagonistas son la libertad, el amor y la armonía y en los que cualquiera que desee participar es bienvenido. No importa quién seas o de dónde vengas, allí puedes disfrutar de libertad sin necesidad de dar explicaciones. Este acontecimiento surge como un intento de crear un mundo sin trampas, autoridades ni organizaciones en el que podamos ser nosotros mismos.

Este movimiento nunca ha existido como institución formal. Entre ellos se denominan “hermanos y hermanas” y se consideran la “Familia del Arcoiris“.

El movimiento del Arcoiris nació en los EE.UU a principios de la década de 1970, una época en la que empezó a desarrollarse una importante conciencia colectiva. Por todo el mundo surgían tensiones derivadas de problemas sociales como la sexualidad, los derechos de la mujer, las formas de autoridad tradicionales, la experimentación con drogas psicoactivas y las distintas y muy diversas interpretaciones del sueño americano. Poco a poco se iba creando un tejido social distinto y descentralizado, elaborado con el hilo de la cultura hippie, la revalorización de la vida rural, las enseñanzas espirituales de los indios americanos, el misticismo oriental y la sabiduría callejera de los vagabundos.

En 1972, más de veinte mil personas se reunieron en Colorado para rezar por la paz mundial. La intención era celebrar un acontecimiento único e irrepetible en todo el mundo, un encuentro de cuatro días en algún lugar remoto y salvaje para rezar y meditar sobre la forma de cambiar el mundo.

El cuarto día, la policía intervino para disolver la concentración, pero los participantes marcharon hacia los agentes en una procesión de color. Incapaces de contener a las masas, las autoridades se vieron obligadas a mantenerse al margen.

Guatemala, en Alta Verapaz, reunión mundial Arcoíris, noviembre 2012

Así, la primera concentración del Arcoiris se celebró con éxito, movida por el poder de la unión y las drogas psicodélicas. Al año siguiente, y sin ningún tipo de planificación previa, se celebró un nuevo encuentro en Wyoming, dando así comienzo a una tradición que se repetiría anualmente.

Entre los miembros del movimiento corre un rumor según el cual las concentraciones cuentan con el reconocimiento de los ancianos de la tribu de los hopis, indígenas americanos de los que se decía que habían acudido al encuentro de Wyoming con el mensaje de que el movimiento Arcoiris constituía la realización de una profecía de los nativos americanos:

“Cuando la tierra sea devastada y los animales agonicen, llegará una nueva tribu de muchos colores, clases y credos, y con sus actos lograrán que la tierra vuelva a ser verde. Se les conocerá como los guerreros del arcoiris. Se dejarán el pelo largo y hablarán del amor como la fuerza sanadora de los Niños de la Tierra. Buscarán nuevas formas de entenderse a sí mismos y a los demás. Lucirán plumas y cuentas y la cara pintada… Aprenderán a caminar por la Madre Tierra restaurando el equilibrio y reformularán la idea del jefe blanco…”.

La profecía reflejaba a la perfección el talante idealista de la generación de esa época y se convirtió en la piedra angular de la ideología del movimiento Arcoiris, cuyos miembros empezaron a referirse a sí mismos como Guerreros del Arcoiris.

Guatemala, en Alta Verapaz, reunión mundial Arcoíris, noviembre 2012

Desde entonces, todos los años se celebran encuentros en distintos lugares representando la espiritualidad y la evolución consciente y practicando el no mercantilismo, convencidos de ser la tribu que finalmente salvará el planeta.

Al cabo de veinte años, se descubrió que la profecía había sido escrita por personas no nativas como parte de un programa evangélico cristiano con el que se pretendía combatir la espiritualidad de los nativos americanos. Muchos miembros de la Familia del Arcoiris todavía no han podido reponerse de este hecho.

La primera vez que oí hablar del movimiento fue hace ocho años, mientras viajaba por Europa haciendo autostop. Me recogieron unos hippies italianos que me hablaron de aquel lugar en el que no había normas ni dinero y en el que todo el mundo era libre durante un mes.

En aquel entonces era muy difícil encontrar información en internet al respecto. Recuerdo haberme suscrito al boletín de noticias de un sitio web de aspecto cutre en el que se anunciaba que el próximo encuentro europeo del Arcoiris se celebraría una noche de luna nueva en agosto de 2008 en Serbia y que, tan pronto como los exploradores hubieran encontrado un lugar apropiado, se procedería a enviar por correo electrónico la invitación con las indicaciones. Unas dos semanas antes del evento, recibí la imagen escaneada de una postal escrita a mano en la que aparecía un mapa cubierto de motivos florales psicodélicos y corazones y las palabras “te damos la bienvenida a casa”.

México, Palenque, encuentro global de las tribus Arcoíris, Diciembre 2012 – Enero 2013

Generalmente, los encuentros se celebran en zonas remotas cercanas a alguna fuente de agua fresca y con espacio suficiente para albergar a dos mil personas. La ciudad más cercana suele estar a entre diez y treinta kilómetros del lugar. Una vez en la zona, hay que caminar por senderos en busca de señales que indiquen el camino, como cintas de colores atadas a los árboles o pilas de piedras. Después de cuatro horas caminando por senderos, finalmente llegué a mi destino y quedé abrumado. La primera impresión fue demasiado para asimilarlo todo. En cuanto salí de la espesura, todo el mundo se acercó a abrazarme, gritando “bienvenido a casa” y “te queremos”. La mitad de ellos iban desnudos; había grupos de hippies entonando canciones dedicadas a Krishna y otros bailaban al ritmo de la percusión. Alguien me pasó un porro, marcando el comienzo de lo que sería una vorágine de locura en la que me vi sumido durante tres semanas.

Guatemala, en Alta Verapaz, reunión mundial Arcoíris, noviembre 2012

Cuesta imaginar un entorno más idílico que aquel. No existe utopía más utópica, de la que disfruté cada momento.

Muchos de los asistentes al encuentro son personas que intentan llevar una vida al margen de la norma y se sirven de estas celebraciones para reunirse con personas afines. Efectivamente, el caleidoscopio de caracteres que uno se encuentra es tan diverso como el mismo arcoiris. Además de los hippies y los nómadas tradicionales, también acuden muchos anarquistas, músicos, artistas de circo, hackers, profetas autoproclamados y cientos de personas con la mente muy lejos de allí.

No hay ningún escenario principal ni un programa de eventos; todo sucede de forma espontánea y parece que el propio entorno genere un espectáculo continuado en el que se mezclan todos estos personajes.

Nadie se erige como líder, no hay organización, precio de entrada ni electricidad, y no existe ninguna norma aparte de la del “respeto pacífico”. Todo el mundo es responsable de sus actos y colabora con los demás en lo que sea que la inspiración les haya llevado a trabajar, ya sea la exploración de un lugar o la construcción de las cocinas, la organización de los alimentos y el material de primeros auxilios, etc.

México, Estado Oaxaca, reunión regional mexicana, marzo de 2013

Dado que se desaconseja el comercio, el dinero se recolecta mediante donaciones voluntarias durante todo el encuentro; así, se pasa el “sombrero mágico” después de las comidas para que quien quiera pueda hacer donaciones, que irán destinadas a la compra de comida y otros artículos para el campamento. La premisa es sencilla: todo el mundo recibe lo mismo y da lo que puede. Además de la labor de los que se encargan de que el evento sea posible, también se celebran varios talleres de música acústica, percusión, baile, drogas psicodélicas consejos, yoga, tantra, meditación, circo…

Los encuentros del Arcoiris se celebran en todo el mundo y, tan pronto como uno toca a su fin, se celebra un consejo en el que se decide el lugar para la celebración del año siguiente. Siempre hay voluntarios que se prestan a reconocer la zona en busca de una buena ubicación y empezar a establecer la base. Los encuentros tienen una duración de un mes y su inicio coincide con la luna nueva. El número de asistentes oscila entre los cincuenta, cuando se celebran en zonas poco accesibles, y los cinco mil, en Europa, o los treinta mil en EUA.

Fuente: vice.com Autor y fotógrafo: Denis Vejas.

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