La cara más divertida del invierno

También en invierno el nudismo es posible, al menos para algunas personas que parecen inmunes a las bajas temperaturas, o que acostumbradas a éstas no tienen ningún problema en bañarse en aguas gélidas, revolcarse en la nieve, hacer una marcha por la montaña, o incluso practicar algún deporte de invierno, todo ello naturalmente en completa desnudez. Esto y más muestran las 22 fotografías que componen esta exposición temporal de fotografías.

Nota: Haciendo clic sobre cualquiera de las fotografías puedes visualizarlas en sus tamaños originales, en modo “pase de diapositivas”.

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Un restaurante donde comer o cenar sin ropa

El pasado jueves 2 de noviembre, el restaurante O’Naturel, se convirtió en el primer restaurante naturista en la capital de Francia, sus primeros clientes fueron los miembros de la Asociación Naturista de París. “Esa noche solo recibimos a los miembros de la Asociación Naturista de París. Nos han apoyado desde el principio, y hemos reservado nuestra primera velada para ellos”, le dijeron los propietarios del restaurante, los hermanos Mike y Stephane Saada, a ‘Le Parisien’.

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Francia se considera la meca del nudismo. Asociaciones nudistas estiman que unos 2,6 millones de franceses practican el naturismo, y que esta nación contiene cerca de 460 áreas reservadas para el turismo “al desnudo”, incluyendo 155 campings y 73 playas, según un informe de la revista Forbes. Por eso no extraña que el país europeo se haya sumado a esta nueva tendencia gastronómica.

El establecimiento está abierto al público de martes a sábados, ofreciendo una cocina sofisticada por alrededor de 40 euros. Y esta nueva propuesta ha sido muy bien recibida.

Ubicado en el distrito residencial número 12 de París, O’Naturel no parece molestar a los vecinos. “Cuando supimos lo que iba a haber aquí, obviamente, nos dio la risa. Sobre todo porque hay una guardería al lado”, dijo un hombre que vive en un piso sobre el restaurante.“Pero no me molesta en absoluto y a los vecinos tampoco. No vemos nada desde la calle y sabemos que detrás no hay una sala de masajes”, apuntó el vecino, que no descarta pasarse un día.

El restaurante cuenta con una cortina opaca que cubre toda el ventanal e impide ver lo que pasa en el interior, mientras que una segunda cortina impide mirar dentro cuando alguien abre la puerta.

También en el mismo distrito, el parque Bois de Vincennes ha reservado un área para nudistas como parte de la ” visión abierta de las autoridades para el uso de los espacios públicos parisinos “, con un elevado número de usuarios/as desde que se autorizó dicho espacio para uso de los nudistas.

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Los Decentes: El cuerpo desnudo como expresión política

El cineasta austríaco radicado hace 10 años en Argentina Lukas Valenta Rinner, buscaba locaciones para su próximo proyecto cuando se topó con un club de swingers nudistas ubicado en un espacio verde y alejado de Buenos Aires: ese fue el germen de “Los Decentes”, nueva cinta del director de “Parabellum” que se ha estrenado estos días en Buenos Aires, y que pone en escena el choque entre estos espacios aislados de la provincia con los territorios de las clases populares y, sobre todo, el choque entre una moral conservadora y posibilidades más libres de la vida.

“La provincia de Buenos Aires es un lugar peculiar, con diferencias significativas de estatus y clase. De un lado, hay comunidades “exclusivas”, que están aisladas y protegidas por agentes de seguridad, y del otro, hay pobreza, paro, salarios bajos y desesperación. Quería subrayar estos espacios opuestos. Y la inspiración me vino de la vida real. Había amenazas de la comunidad ‘decente’, conservadora y cerrada contra los propietarios y visitantes del club nudista. Al abordar estas tensiones de clase, trataba de examinar la violencia estructural, que puede parecer sutil pero que, en mi opinión, es inherente a la sociedad argentina actual”, explica el cineasta sobre su trabajo, donde la protagonista es Belén (una sorprendente Iride Mockert), una joven de 30 años, encuentra un trabajo como empleada doméstica interna en un exclusivo barrio privado en la provincia de Buenos Aires.

En medio de ese country satírico que pinta Valenta Rinner, Belén descubre que tras el cerco que protege el barrio privado se alza un mundo extraño: un club nudista, donde la gente pasea distendida, otros tienen sexo, hacen asado, o simplemente leen, un espacio que liberará a la retraída y reacia protagonista. Valenta Rinner coloca a Belén en el medio de dos formas de vida antagónicas: el vacío existencial de quienes viven vidas pulcras, pero frustradas y solitarias, y aquellos que poseen lo mínimo y tratan de vivir una vida más lúdica y libertaria.

Pero, por supuesto, la tensión entre el country y el club nudista crece exponencialmente y Belén transita entre estos mundos contradictorios destinados a un trágico final: la situación es “una verdadera olla a presión” que tiene, afirma el cineasta, “una dimensión política, aunque quería evitar el típico cliché de ricos contra pobres y encontrar una alegoría más compleja que hablara de una realidad social argentina y mundial en la que esos enfrentamientos ideológicos marcan cierto capitalismo tardío y una división de la sociedad cada vez más evidente”.

Frente al sistema “hipercapitalista” en el cual “la clase alta se aísla del resto de la sociedad”, Valenta Rinner opone el nudismo, “un símbolo del rechazo a la vestimenta, que es un instrumento de dominación porque nos define socialmente. El nudismo es una toma de posición política”.

El director, a su vez, toma su propia posición política y retrata estos cuerpos desnudos sin pudor y en todas sus facetas, con el objetivo de filmar “cuerpos reales, bellos pero no modelados según los patrones televisivos”. En contraposición estética a estos cuerpos retratados con calidez (y a la exhuberancia natural del club nudista), aparece el ordenado pero frío y deserotizado country.

Para el cineasta, la protagonista “descubre sorprendida ese otro espacio y se convierte sin quererlo en una especie de nexo entre ambos mundos. Casi como si fuera Alicia en el País de las Maravillas que pasa por un túnel a un mundo diferente. Hay una transformación muy profunda en ella. Algo del descubrimiento de ella como mujer y como ser humano”.

Fuente: eldia.com

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El destape no fue una liberación ni para el cine ni para la mujer

Con el objetivo de rendir homenaje a las verdaderas heroínas del cine del destape, la Casa de la Mujer de Zaragoza organizó el pasado 26 de octubre la proyección de la película Los años desnudos, de Dunia Ayaso y Félix Sabroso. Una crónica del destape desde la perspectiva contemporánea a la que siguió la mesa redonda presidida por la escritora del libro Daniela Astor y la caja negra, Marta Sanz; y la actriz Fiorella Faltoyano, protagonista de Asignatura pendiente de José Luis Garci.

“En el destape hubo dos tipos de actrices, aquellas que se desnudaron de forma eventual para una película concreta y las verdaderas actrices del destape, me alegro de poder decir que yo pertenecí al primer grupo” comentó Faltoyano durante una mesa redonda que estuvo marcada por duras críticas hacia la “falsa libertad” que se vivió en España durante los años 70. “No fue una etapa de liberación ni para el cine ni para la mujer, fue un cine machista que solo buscaba contestar a los deseos más inconfesables de los hombres” comentó la actriz, que dijo entender perfectamente las críticas que sus películas realizadas durante aquel periodo pudieron recibir. “Enseñar el sexo femenino no supone ninguna libertad” aseveró Faltoyano.

La actriz se refería de este modo tan crítico a su etapa de actriz en los 70, un periodo al que Faltoyano se refirió como “una época de guiones malísimos, costes ínfimos y directores terroríficos”, y de la cual intentó huir en todo momento optando por la televisión como medio más íntegro. “Desde el primer momento opte por la televisión ya que no me motivaba para nada salir en bragas y sujetador mientras Alfredo Landa me perseguía por un pasillo”, indicó la actriz, que se negó a mostrarse desnuda en repetidas ocasiones durante los años 70 tanto en el cine como en revistas. “A raíz de Colorín Colorado me surgió la oportunidad de participar en películas en las que se precisaban desnudos, pero siempre justificados en el guión, de modo que finalmente acabé realizando mi primer desnudo a los 27 años en Asignatura Pendiente, fue una experiencia negativa, no tanto por el tema moral, sino por una manía mía, tenía bastante pudor estético” comentó la veterana actriz, que comentó que si bien esas escenas no le convencían del todo, distaban mucho del plantemiento chapucero de otras producciones acometidas en el auge del destape.

Esperanza y miedo

Por otro lado, Sanz quiso alabar la figura de Faltoyano, de quien dijo “no fue una musa de la transición, y menos mal que no lo fue porque fue mucho más”. La escritora, que en su libro Daniela Astor y la caja negra adopta el punto de vista de una niña casi adolescente que transita el mundo del destape, dedicó duras críticas al cine de la época. “El país estaba pasando por una especie de pubertad, había esperanza sí, pero también mucho miedo; recuerdo que mi abuela nos insistía en que estuviésemos preparadas para quemar nuestros libros de Marx en cuanto un militar asomase por nuestra puerta” indicó Sanz.

Asimismo, la escritora suscribió la clasificación de actrices propuesta por Faltoyano, e hizo hincapié en las contradicciones morales de la época. Vimos desnuda a Marisol, la niña cantadora del franquismo en lo que creímos que era un golpe definitivo al nacional-catolicismo, pero fue una ilusión, porque seguíamos sin poder abortar y sin tener el control sobre nuestro propio cuerpo, no hacíamos sino reproducir unos hábitos completamente machistas” indicó la escritora, que indicó que el tema capital de la herencia de la transición en la actualidad era preguntarse “por qué deseamos lo que deseamos y ser críticas respecto a por qué hacemos las cosas con el objetivo de identificar la cultura machista”.

Fuente: eldiariodearagon.com

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