Viajan por el mundo practicando y difundiendo el nudismo

El matrimonio belga Nick y Lins viajan alrededor del mundo para mostrar cómo es el nudismo.

La pareja comenzó a conocer el nudismo cuando tenían alrededor de veinte años visitando spas nudistas. Ahora la pareja está plenamente convencida de la práctica del nudismo después de visitar un camping de Luxemburgo en 2009.

Cuentan así su experiencia en ese camping: “El camping era ruidoso, lleno de gente, y realmente no era lo que estábamos buscando. En la parte trasera del camping descubrimos una zona nudista que era todo paz y tranquilidad, así que decidimos probarlo. Y desde entonces estamos completamente rendidos al nudismo”.

Nueve meses antes de comenzar sus viajes, iniciaron un blog para “mostrar a la gente que el nudismo es algo para todos, no sólo para un grupo de viejos, hippies o pervertidos, pues en Bélgica es todavía un tabú ser un nudista. Muchos belgas disfrutan de su tiempo en desnudez, pero prefieren no ser llamados naturistas o nudistas”.

La aventura comenzó en julio y no tiene fecha para terminar. La pareja dejó Bélgica y ya han pasado por Croacia, Montenegro y Grecia. La idea es recorrer otros países de Europa, Asia, Oceanía y las Américas.

A propósito de estos viajes comentan: “A veces sucede que la gente camina hacia nosotros y se da la vuelta cuando ven que estamos desnudos. O que pasan y tienen miedo de mirar hacia arriba, en cuyo caso siempre es divertido decir hola. Pero sucede mucho más que la gente nos ve y se deciden a desnudarse también, como si sólo necesitaran ese pequeño empujón”.

Con estos viajes la pareja espera lograr hacer ver la desnudez menos sexualizada y más aceptada, y “mostrar a la gente que es realmente una cosa divertida que hacer y que un cuerpo humano no es nada de lo que avergonzarse”.

De acuerdo con Nick, la idea del mochilón comenzó en el verano de 2016 mientras ellos visitaban a algunas parejas nudistas en un viaje por Francia e Italia. “En la mayoría de los lugares que visitamos éramos los más jóvenes. No es que tengamos algo contra las diferencias de edad, pero empezamos a preguntarnos ¿por qué el nudismo no atrae a los más jóvenes?”.

Sus viajes y experiencias están siendo compartidas por la pareja en su blog “Naked Wanderings” y en sus redes sociales.

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Naturista ¡la ciudad es tuya!

De Alemania a Inglaterra, en España o Francia, el naturismo ve aumentar el número de sus practicantes considerablemente. Sin embargo, esta práctica todavía está lejos de ser unánime o estar generalizada.

Para muchos, la práctica del naturismo en las zonas urbanas puede parecer incongruente. Sin embargo, el naturismo ya no se limita a las playas y establecimientos dedicados. Es cada vez más importante en nuestras ciudades y en diferentes formas: parques o piscinas privatizadas, los lugares donde se autoriza la práctica son cada vez más numerosos.

Naturismo en Francia, cifras

Francia es el principal destino naturista del mundo.

2.000.000 de franceses son practicantes regulares, ya sea en asociación o durante las vacaciones.

2.000.000 de turistas naturistas extranjeros viajan a Francia cada año.

Existen 460 áreas naturistas incluyendo: 155 campings comerciales, 155 asociaciones propietarias de algún camping o zona recreativa, 73 playas (en mar o lagos) permiten el naturismo.

Breve historia del naturismo

La idea de vivir en comunión con la naturaleza no es nada nuevo y hay rastros históricos que revelan que esta práctica ya existía en las orillas del Sena en la Edad Media. Fue sólo en el siglo 20 que la práctica tendría un cierto auge. Por otra parte, será necesario esperar hasta 1974 para tener una definición exacta del naturismo, que se dará en un Congreso Mundial de la Federación Internacional de Naturismo.

Esta definición, reproducida en el sitio web de la Federación, explica que es “una forma de vivir en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica de la desnudez colectiva con la intención de estimular el respeto a sí mismo, respeto por los demás y el medio ambiente”. En esto, la diferenciación con el nudista debe ser abordada. A diferencia del nudismo que sólo pretende evolucionar en el aparato más simple, el naturismo considera la desnudez como el medio fundamental para acercarse a la naturaleza y vivir en armonía con ella. En este contexto, la práctica del naturismo se basa principalmente en una preocupación ecológica, el hecho de estar desnudo es sólo un medio y de ninguna manera representa un fin en sí mismo. El cuerpo desnudo no es percibido como íntimo, sino como un cuerpo natural que se integra en un ecosistema.

En 1928, dos médicos, Gastón y André Durville, inauguraron un centro en Yvelines, en la isla de Platais, en Villennes-sur-Seine, donde se celebraría el primer congreso nudista. Esta fecha es digna de mención porque es allí donde comenzará la “colonización naturista”, como dirán tan bien unos años más tarde. Pero es en el Var, en una de las islas de Hyères, Île du Levant, que los hermanos Durville establecen el primer centro reservado para nudistas: Heliópolis, “el centro naturista más formidable del mundo”. Gastón y André esperan hacer de este lugar un verdadero paraíso terrestre. Incluso apelarán a los naturistas de las diferentes colonias francesas para que procuren animales exóticos de todo tipo. Ellos escriben sobre este tema: “Será el jardín de las Hespérides, una isla prometida, salvaje, virgen, cubierta de maquis, pinares, tan grande como un mundo”. En agosto de 1931 ya había 400 naturistas en este espacio donde la naturaleza conservaba todos estos derechos y donde el ser humano no intentaba imponerse sobre ella. El área abarcaba 60 hectáreas de las 1.000 con que cuenta la isla.

Con sus dos fachadas marítimas a lo largo del Atlántico y el Mediterráneo, Francia siempre ha sido un destino de elección para todos los entusiastas naturistas donde muy rápidamente el fenómeno se ha desarrollado en los campings. Sin embargo, durante mucho tiempo, el naturismo se desarrolló anteriormente en Alemania y en los países protestantes del norte de Europa, donde la naturaleza es mitificada. La desnudez es habitual en espacios públicos, playas y zonas verdes urbanas, explica Emmanuel Jaurand de la Universidad de Angers. Estas poblaciones, atraídas por el soleado y idílico entorno que les daba la costa francesa, se dirigían a las playas francesas. Lo que hace hoy a Francia el primer destino naturista del mundo. ¿Es entonces legítimo abrir una parte del Bois de Vincennes en París a la práctica naturista?

¡París entra en carrera!

Mientras la ciudad de París inauguró el pasado 31 de agosto la apertura de una zona dedicada a la práctica del naturismo en el corazón del Bois de Vincennes, la idea de promover su práctica no es nueva. La piscina Roger Le Gall situada en el XII arrondissement ya permite a sus usuarios bañarse en desnudez. Sin embargo es necesario pertenecer a la Asociación de Naturistas de París para poder ir allí.

Por primera vez, la capital hospedará un espacio naturista totalmente libre, abierto de 8 am a 7.30 pm. Puesta en marcha como prueba esta iniciativa se detendrá el 15 de octubre… por ahora. Con una superficie de 7.300 m2, la zona naturista se encuentra cerca del santuario de aves, en el claro entre el Callejón Real y la carretera Dauphine. Propuesto por el grupo ecologista en el Consejo de París, que vio aumentar el número de naturistas, preocupado por que París no incluyera un lugar que permitiera la práctica. Bordeado por carteles, el espacio debe garantizar la tranquilidad de los usuarios del espacio naturista así como de los caminantes. Se colocarán además carteles informativos para prever cualquier problema de voyeurismo o exhibicionismo.

¿Y en otras partes de Europa?

Parece que París se ha inspirado en lo que está sucediendo al otro lado del Rhin, donde la práctica del naturismo está mucho más extendida. La ciudad de Munich ha legalizado la práctica en 2014 y Berlín está dando ejemplo al establecer espacios de convivencia entre las personas vestidas y naturistas. Se permite a los berlineses quitarse la ropa cuando la temperatura exterior supera los 25° C.

De Barcelona a Malmö en Suecia, la práctica del naturismo es común. La capital catalana tiene una playa naturista con accesibilidad en metro. Los suecos, mientras tanto, las mujeres tienen el derecho de hacer topless cuando se encuentran en la piscina. Suiza no prohíbe explícitamente caminar desnudos, mientras nadie se sienta perturbado. El Reino Unido, que no tiene necesariamente zonas accesibles a los naturistas, no considera que la desnudez sea un delito punible.

Finalmente, terminemos con un pequeño apunte… ¿Alguna vez ha oído hablar del Día Mundial del Ciclonudismo? Cada año desde 2004, miles de participantes de todo el mundo se han unido por la buena causa: desprenderse del poder del petróleo y promover un retorno a los valores simples y naturales de la vida… por andar en bicicleta desnudos.

Fuente: Lumières de la Ville (texto original en francés).

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Me quité la ropa y los prejuicios para pasar un día en un camping nudista

Nudismo. Ya está. Solo con escuchar la palabra es casi inevitable que te hayas imaginado una playa con gente en pelotas, seguramente mayor y sin depilar, a la que le gusta exhibirse y mirar a otros haciendo lo mismo. Pero solo tienes que googlear esta palabra para saber que la concepción que tenemos del naturismo, un movimiento mucho más amplio que el nudismo ‘a secas’, no deja de ser un saco de prejuicios. Para mí, como mujer milenial que cada día intenta no juzgar su cuerpo, sigo siendo incapaz de hacer topless si hay algún miembro de mi familia o algún hombre a quien yo conozca y que no sea mi pareja. Así que, pensé, si tanta gente lo hace, mucho de bueno debe tener y yo quiero saber qué es. Y me fui a buscarlo, esta vez completamente desnuda, a uno de esos centros del respeto por el cuerpo y la naturaleza: un camping naturista.

Camping El Templo del Sol

Después de conducir hora y media desde Barcelona hasta L’Hospitalet de l’Infant (Tarragona) mi pareja y yo (a quién llamaré M. en adelante) llegamos a El Templo del Sol, uno de los nueve campings nudistas que hay actualmente en España y que, según me cuenta Ferràn Pujol, su Director de Comunicación, es de los mejor considerados. Ferràn me espera en la entrada para darme la bienvenida, para mi alivio, vestido. Me explica que allí todos los empleados llevan ropa para evitar malentendidos. Así que M. y yo todavía tenemos algunos minutos de margen para ‘enfrentarnos’ a nuestra desnudez pública y a la preocupación que le genera el pensar que va a pasarse todo el día empalmado.

El camping que, por cierto, está tan a tope de gente que no hay ningún bungalow, caravana ni tienda de campaña libre donde podamos pasar la noche, es la ‘torre de vigilancia’ que cuida de la zona. Lo único que la asociación naturista que protege la playa natural de El Torn y sus alrededores permitió construir con el fin de repeler a los rascacielos y los adosados típicos de las costas españolas. A día de hoy, aproximadamente 2.000 personas llenan este complejo, creado hace 25 años por una pareja francesa enamorada del naturismo y la Costa Dorada, y pasan el verano haciendo barbacoas, bañándose en su piscina panorámica y montando en bici. Lo mismo que tú o yo haríamos en un camping, pero en pelotas.

Parece sencillo, pero pasar unos días en uno de estos oasis de la desnudez no es tan fácil como presentarse allí y pagar. “A todo el que viene por primera vez se le exige el carnet de naturista. Si no lo tiene, no se le dará alojamiento”, me cuenta Ferràn. No es que esto sea un club selecto ni nada por el estilo, sino que se trata de una medida de prevención contra los mirones —una plaga que los naturistas sufren desde siempre y que es casi imposible de eliminar—, personas que asocian los campings y las playas nudistas al sexo fácil y, lo peor de todo, pedófilos y pederastas. “Hay gente que viene a lo que viene y esta es una forma de darle confianza a las familias que se alojan aquí y de tenerlo todo controlado”, añade. Tan controlado que, me advierte Ferràn, no podremos hacer fotos mientras estamos dentro del camping. Los naturistas normalizan el desnudo, pero más de una mala experiencia les ha llevado a ser desconfiados (y con razón).

Sí. También me quité la parte de abajo del bikini. Os lo recomiendo

Llegó la hora de quitarse la ropa y los prejuicios. La gente nos mira porque no nos conoce y, aunque vayamos desnudos, no llevamos la pulsera que identifica a los que se alojan allí. O porque nos ven observándolo todo con demasiada insistencia. Nos cruzamos con el primer pene y da impresión. Ojeamos a la gente de refilón, para los primerizos es casi imposible pasear por allí sin que te dé tortícolis de tanto disimular. Paseamos por el camping hasta la zona de la piscina y el bar, donde sí se exige taparse o poner toallas en los asientos simplemente por higiene.

Nos resulta curioso descubrir que, aunque todo el mundo que va al Templo del Sol lo hace, es solamente en la piscina donde se exige ir completamente desnudo. Su lema es “estar desnudo, si yo quiero, pero siempre en el respeto a los demás”. Porque, según me cuenta por teléfono Ismael Rodrigo, presidente de la Federación Española de Naturismo (FEN), el naturismo es un movimiento que se basa en el ecologismo y en la libertad individual de los que quieren desnudarse, pero también la de los que no: “Somos un movimiento de Derechos Humanos y el cuerpo humano no es ajeno a la libertad de expresión”. Defienden que, igual que uno puede vestirse como quiera y considerar su atuendo parte de su identidad, elegir la desnudez también lo es y, por tanto, cualquier ley que vaya contra eso, va contra los Derechos Humanos.

Bajando a la Platja de El Torn

Una vez nos queda un poco claro de qué va todo esto y para acostumbrarnos, nos dirigimos a la playa adyacente de El Torn en busca de personas más jóvenes que nos den su visión del asunto. No puede ser que estén todos en el camping cuando la playa es la mejor solución al calorazo que hace. Y, efectivamente, los encontramos en lo que podríamos llamar su hábitat natural: cerca del bar. Veo a un grupo de chicas hablando en la orilla y decido acercarme. Dos de ellas llevan pulsera del camping, las otras dos no. Descubro que se conocieron hace pocos días en esa misma playa y parece que ya fueran amigas de toda la vida. “Cuando estás desnudo delante de otra gente dejas de tener un estatus social o a cualquier otra etiqueta. Te conviertes en una persona igual a otra y puedes relacionarte de una forma más natural y directa”, apuntaba a este respecto el psicólogo (y también naturista) Raúl Padilla.

Las chicas me confirman que les es muy fácil conocer gente allí pero que no por eso es más fácil ligar ni se montan orgías cada dos por tres. “Aquí se liga lo mismo que en una playa normal, pero la gente es mucho más respetuosa con eso y nadie está examinando tu cuerpo”, asegura Natalia, que se aloja desde hace 15 años en el camping. “Hay menos problemas si no quieres hablar con alguien o simplemente decir ‘no’ porque nadie se ofende”, me explica Alba, una de las chicas que, aunque no se aloja en El Templo del Sol, ha crecido en una familia nudista del pueblo vecino. Mientras tanto, yo no dejo de pensar en que tengo las tetas y el ‘chocho’ al aire y que cualquier movimiento o gesto que haga podría terminar tocándole a alguna un pecho o cualquier ‘roce desafortunado’. Cosa que, para ellas, no supondría ningún problema porque un pecho no es distinto a un brazo.

Natalia y Alba se bañan tan alegremente en la playa de El Torn.

Es entonces cuando vienen a mi mente las palabras de Rodrigo de que “cuando practicas el nudismo estás haciendo que una mujer en topless no sea distinta a un hombre en topless“. En su opinión, el naturismo nos iguala a todos, desvincula la desnudez del sexo y ayuda a los niños que crecen veraneando en este tipo de sitios a entender que sus cuerpos no tienen nada de malo y que, por tanto, de lo que haya que avergonzarse o esconder. Para confirmar esto hablo con Ana S., una madrileña que ha pasado sus 28 veranos de vida en el camping nudista El Portús, en Murcia. “Mis padres ya iban antes de que yo naciera. Así que para mí siempre ha sido muy normal ver los genitales de mis padres, de hecho no comprendí que no era algo que le pasara a todo el mundo hasta que, de niña, me preguntaron varias veces¿pero tú has visto a tus padres desnudos?’. Y yo contestaba: ‘pues claro, ¿tú no?, me cuenta por teléfono.

Como era de esperar Ana nunca ha tenido problema en contar a los demás que, para lo que la mayoría de gente es ‘su pueblo’, ella pasa sus vacaciones desnuda en un camping, creció sin tener metido en el cerebro que su cuerpo era algo feo, sin torturarse mentalmente por querer tener menos culo o más pecho y sin tener relaciones sexuales con la luz apagada. “Las primeras veces pensaba en si lo estaba haciendo bien o mal, pero nunca he pensado que mi desnudo sea algo feo o no le gusto físicamente al chico”. Eso que nos pasa a casi todas (si a ti no, te envidiamos) por culpa de haber criminalizado nuestros cuerpos y autoexigirnos constantemente mejorarlos. Si no es ideal, mejor apaga la luz o ponte tú encima.

Y es que, según dicen los expertos, en el nudismo no existen los defectos físicos, sino que cada cuerpo es distinto a otro. Ni mejor, ni peor. Sin embargo, mientras M. y yo paseamos por la Playa del Torn no podemos todavía evitar sentirnos cohibidos aunque, eso sí, mucho menos que el camping. Quizás, el tener la posibilidad de que si uno no quiere toparse con miradas de nadie puede evitarlo metiéndose en el agua, nos hace sentir un poco más relajados. Así, mientras nadamos desnudos en el mar (la experiencia más liberadora y placentera del mundo, os lo aseguro) y tomamos el sol rodeados de parejas y grupos de amigos cuya media de edad ronda los 50, recuerdo otra de las cosas que el psicólogo Raúl Padilla me había advertido por teléfono justo el día antes: “Es normal que sientas rechazo cuando, estando desnuda, se te acerca alguien que no conoces. No lo has asimilado y crees que se te acerca con un fin nada claro, pero eso es porque tienes la concepción de ‘textil’, digamos”.

En el Templo del Sol las personas ni siquiera usan un delantal para cocinar.

Con la tontería y entre un baño y otro, se nos hacen las seis de la tarde y decidimos dar por terminada nuestra ‘excursión’. En ese momento, caigo en que no he visto a M. empalmarse ni una sola vez excepto, según me dice, solo en el agua y “por el hecho de sentirlo todo flotando, es placentero”. Un ‘problema’ menos, para el que Raúl Padilla, quien por cierto me atendió al teléfono en la playa y literalmente “en pelota picá”, tenía una fácil solución: “El reflejo de erección es algo completamente normal incluso estando vestidos y allí nadie se asustará por eso. Dile que cuando vea que un cuerpo desnudo no es una incitación al sexo no tendrá erecciones y lo normalizará”.

No se lo dije, pero ambos tuvimos esa sensación pasada la primera media hora y, ahora que nos vamos, la ropa nos sienta incluso extraña. Al volver a casa me di cuenta de que ese lugar no es casi un paraíso solo por el hecho de conservarse salvaje. Lo que lo hace tan especial es que uno puede realmente sentir que no está siendo juzgado por absolutamente nadie. No sé si la solución a todos nuestros problemas de autoestima sería pasar una temporada en un camping naturista (aunque yo sí lo recomiendo). Lo que sí sé seguro es que, desde que hemos vuelto, no ha pasado una noche en la que M. no duerma desnudo. Yo, de momento, me he pasado al topless. Paso a paso.

Fuente: codigonuevo.com, escrito por Noelia R. Ruano.