El pensamiento de Bertrand Russell sobre la desnudez

Bertrand Arthur William Russell, (1872-1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura en 1950. Pero su pensamiento liberal le granjeó persecuciones en su época, y sus opiniones acerca de la desnudez, fueron condenadas como “repulsivas” por un juez quien citó uno de los primeros libros “La educación y la vida buena”. Esto se presentó como prueba de que la cátedra de filosofía de la Universidad se convertiría en Cátedra de “indecencia” si se permitía aquel nombramiento. Se pretendía presentar a Russell como un “lujurioso, erotomaníaco y lascivo” que patrocinaba una especie de exhibicionismo familiar.

Citamos en este espacio algunas de sus opiniones:

El tabú contra la desnudez es un obstáculo para una actitud decente hacia el sexo. Cuando se trata de los niños, ahora lo reconoce mucha gente. Es conveniente que los niños se vean y vean desnudos a sus padres, cuando esto sucede naturalmente.

Habrá un corto período, probablemente a los tres años, en que el niño se interese por las diferencias entre su padre y su madre, y las compare con las diferencias entre él y su hermana, pero este período pasa pronto, y luego ya no se interesa por la desnudez. Mientras los padres no quieran que los hijos los vean desnudos, los hijos tendrán necesariamente la sensación de que hay un misterio, y al tener esta sensación se harán lascivos e indecentes. Sólo hay un medio de evitar la indecencia, y es evitar el misterio. -Un niño debe ver, desde el primer momento, desnudos a sus padres y hermanos, cuando esto suceda naturalmente. No hay que violentar ninguna de las dos cosas; sencillamente no debe dársele la impresión de que a la gente le afecta la desnudez-.

También hay importantes razones en materia de salud en favor de la desnudez, como por ejemplo el baño de sol. El sol sobre la piel desnuda tiene un efecto extraordinariamente saludable. Además, cualquiera que ha visto correr a los niños desnudos al aire libre, tiene que haberse dado cuenta de que se mueven con mucha mayor gracia y libertad que cuando van vestidos. Lo mismo ocurre con los adultos.

El lugar adecuado para la desnudez es el aire libre, el sol y el agua. Si nuestros convencionalismos lo permitiesen, la desnudez dejaría pronto de ser un incentivo sexual; todos nos portaríamos mejor y estaríamos más sanos por el contacto del aire y el sol en la piel, y nuestros patrones de belleza coincidirían más con nuestros patrones de salud, ya que tendrían en cuenta el cuerpo y su actitud, no sólo la cara.

Hay también importantes razones en materia de salud en favor de la desnudez, como por ejemplo el baño de sol. El sol sobre la piel desnuda tiene un efecto extraordinariamente saludable. Además, cualquiera que ha visto correr a los niños desnudos al aire libre, tiene que haberse dado cuenta de que se mueven con mucha mayor gracia y libertad que cuando van vestidos.

Lo mismo ocurre con los adultos. El lugar adecuado para la desnudez es el aire libre, el sol y el agua. Si nuestros convencionalismos lo permitiesen, la desnudez dejaría pronto de ser un incentivo sexual; todos nos portaríamos mejor y estaríamos más sanos por el contacto delire y el sol en la piel, y nuestros patrones de belleza coincidirían más con nuestros patrones de salud, ya que tendrían en cuenta el cuerpo y su actitud, no sólo la cara. A este respecto, hay que encomiar la práctica de los griegos.

El notable incremento en el número de piscinas privadas y la multitud que acude a las playas en verano, donde el baño acompaña a la exposición al sol y la brisa, testifican de nuevo el gran placer que supone la excitación sensorial derivada de desnudarse y exponer la piel a los elementos.

Por su parte C. W. Saleeby hizo un elocuente comentario al respecto en su libro “Sunlight and Health” acerca de la piel:

Este órgano admirable, la envoltura natural del cuerpo que crece constantemente a lo largo de la vida, cuenta al menos con cuatro grupos diferenciados de nervios sensoriales, es esencial para la regulación de la temperatura, es impermeable hacia el interior pero permite la libre excreción de sudor, es resistente a los microbios si no está rasgada y puede absorber rápidamente la luz solar; este órgano hermoso, versátil y maravilloso suele hacerse desaparecer, palidecer y cegar casi por completo por la ropa y sólo gradualmente puede devolverse al aire y la luz que constituyen su entorno natural. Entonces, y sólo entonces, aprendemos de lo que es capaz…

Cabe señalar que la noción de bronceado como indicio de salud apareció en la década de 1920, que se corresponde con el período en que las autoritarias enseñanzas de los behavioristas hacían que los padres tratasen a sus hijos como autómatas y las caricias y otras formas de estimulación cutánea se redujeron al mínimo. Es muy posible que ambos fenómenos estén relacionados.

Fuente: Comunidad Naturista.

100 desnudos del arte de todos los tiempos

100 desnudos del arte de todos los tiempos, y un pretexto contra la censura.

El libro que reseño aquí se llama “100 nudes in the art of all times” –no he visto la versión en español–. Y me parece muy propicia su difusión en el actual contexto de censura de varias obras de arte donde el desnudo femenino (y en mucho menor medida el masculino) es protagonista.

Ya he dicho que el periodo que más aprecio del arte es el de la Edad Moderna –no el arte moderno– entre los siglos XV y XVII y, en particular, el llamado Quattrocento, digamos que el que se halla en línea directa con el arte griego; también hay soporte emotivo en este juicio: el Renacimiento implica una especie de rebelión contra el obscurantismo medieval que limitó al arte, la literatura y, acaso sobre todo por su furia encarnizada, contra la ciencia. La Primavera y el Nacimiento de Venus, de Alejandro Boticelli son iconos de ese periodo, incluso un reto a la visión autoritaria de iglesia que, vaya paradoja, auspició obras fantásticas y también limitó a los artistas (Boticelli fue un genio en el artilugio de representar rasgos religiosos y toques de sensualidad muy elegantes).

Este libro integra los trabajos antedichos, desde luego, y abre con el muy famoso óleo sobre tabla “Retrato de una joven”, la llamada Fornarina de Rafael Sanzio, quien así perpetuó a su amante Marghuerita Luti mediante el contraste cromático tan característico en él, aun en sus obras en el Vaticano y la Iglesia del pueblo, en Roma (he visto todas esas obras en el lugar y estoy convencido que a Rafael le faltó vida para afianzarse como el tercero de los grandes de la época luego de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel –sin duda, los retratos de Rafael no se explican sin la Gioconda; disculpen el desvario: creo que Rafael lo sabía y por ello él se dibujó así mismo y en algún cuadro que se encuentra en el Vaticano, incluso a Leonardo y Miguel Ángel).

En esa línea poco más de cien años después, sigue el pintor barroco Pedro Pablo Rubens y una soberbia exposición de desnudos, y cuerpos exhuberantes, coloridos, intensos (Rubens no se explica sin Tiziano) como consta en las obras que integra este libro, Las Tres gracias y Venus ante el espejo –de esta última también está la versión de Diego Velázquez, entre otras aunque, sin duda, el lector se queda con las ganas de mirar Las Gracias de Rafael, ellas sí inmaculadas a diferencia del erotismo del pintor flamenco pero sobre todo, y siguiendo en los trabajos de Rubens, se echa de menos “El juicio de Paris”, “El nacimiento de la vía láctea” y los monumentos del erotismo “Bóreas rapta a Oritía” y “Rapto de las hijas de Luecipo”, éste último, con sus dimensiones de 222 cm x 209, se encuentra como en un altar en el museo de Múnich Alte Pinakothek, en donde casi me arrodillo, créanme.

El amante del arte y el desnudo encontrará al florentino, y sacerdote por cierto, representante del barroco Francesco Furini y su “Hylas y las ninfas” (1630) que está en la galería Palatina de Florencia; la volví a mirar hace unas semanas: para mí sus contrastes, vale decir mejor, matices entre los oscuros le confiera a la obra uno de sus atractivos clave; menciono a “Lot y sus hijas” aunque no esté en el libro porque sobrevivió a la censura de aquel tiempo y espero que sobreviva a la actual que es más intensa incluso debido al incesto que implica traducir el respectivo pasaje del Génesis (la versión de Courbet me parece espléndida, por cierto pero en el libro, en cambio, ustedes encontrarán el óleo sobre lienzo, “El sueño” donde el artista sugiere una relación lésbica).

En “100 nudes in the art of all times” ustedes encontrarán arte de todos los tiempos, incluso oriental e hindú, y de varias épocas y escuelas. Por ejemplo del siglo pasado Mariano Fortuny (no está “La odalisca” pero sí “Desnudo en la playa”) o del siglo XIX, un representante del neoclásico, Dominique Ingres con “Baño turco”; en lo personal prefiero “Edipo y la esfinge” y “Odalisca con esclava); también está el mensajero de la soledad, Edward Hopper, apenas del siglo pasado y su impresionismo abstracto, con Girlie Show (1941), hasta llegar al exponente más conspicuo del arte barroco actual, Roberto Ferri y “Ericto”, aunque me parece que “El infierno” y “Angelo” significan más la influencia del arte clásico en este artista italiano.

Como sea, en estos 100 desnudos podríamos decir, sin temor a equivocarnos, lo que afirma Ishiguro en un pasaje del libro mencionado al principio, aquí se muestra cómo “el talento de un artista puede superar las limitaciones que supone un estilo concreto” o sus posibilidades, podríamos decir, porque más allá (o junto con la técnica) se ubica el esfuerzo por trascender los límites de la comunicación formal y reflejar en los lienzos la intensidad del amor erótico o sólo el sublime desfogue carnal de las pasiones. Nada más por eso, o aunque fuera sólo por eso, de ningún modo deberá censurarse el arte que, en estas coordenadas, es una de las más acabadas expresiones humanas en favor de la libertad.

Fuente: etcétera.com.mx Autor: Marco Levario Turcott.

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La desnudez

Es aberrante que se nos enseñe a sentir vergüenza de todo cuerpo desnudo. Estar desnudo resulta agradable y bello, De hecho, incluso la gente fea, por lo general queda mejor, y no peor, cuando está sin ropa.

Impedir que una persona se desnude (en las playas, por ejemplo) o que vea a otra gente desnuda, equivale a mantener toda una industria que emplea a cientos de policías, inspectores, fiscales de distrito y así sucesivamente. Parece bastante estúpido.

A quienes encuentran que es realmente agradable estar desnudos, cuando se reúnen al aire libre para jugar, nadar y broncearse se les llama nudistas. Quitarse la ropa en compañía significa ver a las personas como son, dejando que te vean también como eres, sin ningún tapujo, y es tranquilizador para cualquiera que tenga dudas acerca de su valor físico como mujer o como hombre. Se aprende que las personas son de todas formas y tamaños y que todas las formas y tamaños son buenas, con o sin ropas.

Hoy muchos adultos van por sus casas desnudos, sin esconderse detrás de las toallas, esto ayuda a los niños a saber cómo son los cuerpos de los mayores. En el siglo pasado algunos hombres crecieron sin saber que las mujeres tenían pelo en el sexo -las ilustraciones y las estatuas casi nunca lo tenían- y se turbaban cuando veían cómo era en realidad el cuerpo de una mujer desnuda; algunas chicas no sabían, hasta que se casaban, cual era el tamaño de un pene normal.

En la época que vivimos ahora probablemente la gente dejará de preocuparse tanto por la desnudez. Por el momento debes recordar que aún sonroja a muchas personas, así como el sexo en general, y que no se puede imponer la desnudez a personas que no la desean.

Los nudistas acostumbraban a considerar como algo importantísimo tomar el sol y broncearse todo el cuerpo, y aseguraban que esto les hacía sentir muy bien. Probablemente lo que les hacía en verdad sentirse bien era el hecho de liberarse de todos los prejuicios sobre la desnudez como algo malo o vergonzoso. Es muy agradable tomar el sol, y las pieles bronceadas dan un aspecto muy saludable, pero en realidad los rayos solares dañan la piel y la agrietan prematuramente, de modo que es mejor no tomarlo en exceso, especialmente en lugares muy soleados como el sur del Mediterráneo o la cima de las montañas, donde el sol es muy fuerte.

Estar juntos y desnudos es una de las cosas más agradables que hacen los amantes, aun cuando no tengan la intención de realizar el acto sexual. Les permite verse y sentirse el uno al otro sin ocultarse nada, simplemente como dos personas tal cual son.

La idea de que la desnudez es algo sucio produjo en realidad, una enfermedad mental. Algunos hombres, que tuvieron dificultades sexuales desde al infancia y tienen demasiado miedo para intentar tener relaciones sexuales con una mujer, sólo se excitan escondiéndose en lugares públicos y mostrando repentinamente sus órganos sexuales a una mujer o a una niña. Si ésta se asusta y lo demuestra, entonces se sienten bien. A estas personas se les llama exhibicionistas y con frecuencia se les castiga con la cárcel, es muy doloroso que tengan tales problemas, y en realidad no le hacen daño a nadie. Si todas las mujeres y las chicas estuvieran acostumbradas a mirar el cuerpo masculino, harían lo que según se cuenta, hizo una dama francesa, y dirían a este hombre: Espléndido, pero ¿no cogerás un resfriado?.

Fuente: El eurociudadano nudista. Texto: Libro El adolescente sexualidad, vida y crecimiento (fragmento).

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Amelia Allen – Naked Britain

El nuevo libro de la fotógrafa Amelia Allen, Naked Britain, es una exploración del cuerpo humano, con un enfoque en el creciente movimiento naturista del Reino Unido. Con la fotografía de moda publicada en revistas como Vogue, Tatler y Vanity Fair, y clientes como Matches Fashion, Hermès y Temperley London, el último esfuerzo creativo de Allen puede parecer un poco atípico. Pero su formación en moda es, de hecho, lo que la llevó a su nuevo proyecto.

He pasado la mayor parte de mi carrera fotografiando modelos convencionalmente bellas y estéticamente agradables que están acostumbradas a mostrar ropa”, le dice a R29. “Todo lo relacionado con esto tiene que ver con la imagen corporal y tener que mirar de cierta manera para adaptarse a una construcción social específica de lo que se ve como bello. Creciendo hoy, a través de una época políticamente dinámica, donde los derechos de las mujeres son un gran problema, quería crear un proyecto que tomara la liberación y la libertad de imagen corporal en el centro de atención. Quería fotografiar una comunidad que representaba la igualdad en la imagen corporal, la apariencia, la sexualidad y el género. Sentí un impulso desesperado por fotografiar a otro lado de la sociedad, y experimentar algo alejado de la moda, pero algo que todavía se centra mucho en la belleza del cuerpo humano. El naturismo era perfecto para esto”.

La primera incursión de Amelia en el naturismo fue asistir a un día de vestimenta opcional en un club de miembros en Buckinghamshire. Conoció a una familia que la invitó a un picnic y un chapuzón nudista, antes de presentarla a la comunidad en general. Tres años después, siguen siendo amigos.“La primera experiencia fue bastante desalentadora y todo se acumula en tu cabeza, pero solo tienes que tratarlo con normalidad: una vez que te quites la ropa, eres libre. Es muy divertido, muy refrescante y liberador”, dice ella. “Hay algo sobre deambular por un lugar donde normalmente no estarías desnudo, como un jardín; me encantó. Me tomó un tiempo acostumbrarme, pero no solo estaba tratando de aprender sobre esta forma de vida a través de mi fotografía, sino también para crecer personalmente. Salir de mi zona de confort y mirar mi propia relación con mi cuerpo y mi actitud ante la desnudez”.

Entonces, ¿qué aprendió ella? “Muchos dijeron que una de las razones por las que les gustaba participar en la comunidad naturista era que podían ser ellos mismos, alejados de la vida corriente y eliminar todos esos estereotipos y estados de la ropa”, explica. “Estar desnudo significa que eres un lienzo en blanco y para algunos, eres anónimo”. ¿Son más felices en su propia piel que el resto de la sociedad, o tienen problemas como el resto de nosotros? “Creo que ambos. Son más autoaceptables, porque se dan cuenta de que hay más en la vida que su apariencia. Creo que todos tienen una opinión sobre su propio cuerpo y eso no cambia a lo largo de su vida. Se sienten más cómodos y relajados al estar desnudos y bajo mucha menos presión que entre la sociedad vestida”.

Estamos más abiertos que nunca sobre nuestra sexualidad e identidad de género, con clubes de sexo y poliamorosos cada vez más ampliamente aceptados, pero la desnudez a menudo se considera crasa. “Es bastante gracioso que ese sea el caso, y que el sexo casual y los clubes de pago son tan normales para muchos, pero la desnudez sin sexualidad se considera desagradable”, señala Amelia. ¿Eso es porque las personas que toman el sol en topless o amamantan en público no encajan en la idea de la sociedad de una idea estéticamente agradable de imagen corporal? “Parece haber un doble estándar: está bien estar desnudo si es por placer sexual u observación, o para una publicación, pero no está bien para la libertad y la liberación de la misma”, resalta.

¿Piensa que las actitudes están cambiando? “Creo que sí. Las modelos de tallas grandes ayudan a muchas mujeres jóvenes que no son del estandar de un modelo de pasarela. Soy una fotógrafa de moda y un tamaño 14, y eso está bien. Sin embargo, siguen siendo hermosas, por lo que ayuda a las mujeres jóvenes en las redes sociales pero no cambia las actitudes hacia todos los tipos de cuerpos y edades”, dice. “Creo que es importante reconocer que las campañas publicitarias y las redes sociales no son percepciones honestas de la realidad”.

A pesar de nuestros mejores esfuerzos, todos tenemos prejuicios inconscientes hacia los cuerpos gracias al incesante bombardeo mediático de imágenes inalcanzables, inaccesibles y excesivamente sexualizadas. A menudo se necesita mucho trabajo para amar a su propio cuerpo y no fijar otros como el epítome de la perfección. Las fotografías de Amelia sobre los naturistas, libres de autoconciencia y juicio, alientan a hacer justamente eso: apreciar el cuerpo por la maravilla que es.

Fuente: Refinery29.uk (texto original en inglés).

Más información, exposiciones, porfolios, libros, biografía, etc. en su website: Amelia Allen.

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Reflexiones desde una roca

Conozco un lugar muy bueno para tomar el sol desnudo. Esta situado en plena montaña y a solo quince minutos de mi casa. Se trata de una peña elevada, con la anchura suficiente para estirarte por completo. Para llegar a ella, has de realizar una sencilla escalada libre que te pone a salvo de domingueros y te aísla como un águila en su nido. Eso me encanta ya que, salvo la compañía de naturistas y mentes libres, prefiero no tener gente a mí alrededor, tanto si estoy vestido como desnudo. Me gusta disfrutar de la naturaleza en soledad y tomar el sol en un lugar así me traslada a otra dimensión.

No soy buen escritor; mis palabras son imperfectas. Describir mis emociones mas profundas, por las sensaciones recibidas, implica necesariamente que estas se degraden cuando intento llevarlas al papel. Lamento no poseer ese talento que permite a los verdaderos escritores conectar su mente con lo que desean describir. Así, me es muy difícil dar una idea de lo que siento en esa roca, desnudo.

Soy una persona extremadamente racional; quizá demasiado, dicen algunos. No creo en dioses, espíritus, religiones, tarot, cartas, ni loterías. No me invento remedios fáciles para este mundo en otros. Los problemas no se solucionan con hechizos o rezos. Las afirmaciones que realizamos deben ser demostrables, mensurables y estar explicadas mediante métodos científicos. Como podéis ver mi método resulta tremendamente “impopular”. Por todo esto me resulta chocante, el cierto halo de misticismo que me rodea cuando llevo un tiempo subido a esa roca. Da igual que me encuentre en posición de loto o sencillamente tumbado como en la playa. Los sonidos de la naturaleza llegan nítidos, para alojarse en una parte de mi cerebro y quedar allí incrustados casi como una sensación luminosa por absurdo que resulte. Sin embargo no califico la experiencia como algo espiritual ni verdaderamente místico. No creo en viajes astrales fruto de un estado meditativo, ni en energías que nadie sabe explicar; sencillamente lo tomo como una “sintonización” precisa con la naturaleza.

En nuestro estado actual de hombres y mujeres mayoritariamente textiles en entornos urbanos, hemos perdido la capacidad de escuchar a la naturaleza; nos hemos anestesiado de las placenteras sensaciones que un entorno natural, en plena desnudez física, nos puede proporcionar. Este estado nos llevaría a desnudar también nuestra mente -he dicho mente ya que el concepto de alma es una falacia inventada con intereses muy terrenales- y poder gozar así de maravillas tan simples como satisfactorias.

En esa roca -o en cualquier entorno natural en que me encuentre desnudo y en soledad- mis sentidos se agudizan, o bien sencillamente vuelven a escuchar la naturaleza. El canto de un pájaro, se transforma en una pauta sinfónica que comunica a ese pequeño ser conmigo y con el entorno. La brisa pasa a ser la sensual caricia, apenas insinuada, de un amante sobre mi piel. Mientras tanto el calor del sol funde mis músculos; se acomodan a la roca como si fuera un mullido colchón mientras percibo el corretear de una hormiga en mi pierna. Solo entonces me encuentro en sintonía con la naturaleza y me siento de verdad un naturista.

Es un momento para cerrar los ojos, para concentrarse en el tacto y en el oído. La mente debe quedar libre del mundo social que tanto la manipula y deforma. Erradicar todas las filosofías intolerantes, religiones, medios de comunicación sensacionalistas, leyes estúpidas, códigos morales caducados, normas, normas y más normas que se empeñan constantemente en decirnos como debemos vivir. El dinero deja entonces de importarte; te ríes de la política; las religiones son solo lavados de cerebro; lo militar, algo infame; ¿que importancia puede tener el color de la piel, o una bandera o frontera sobre el mapa?; ¿cuanto vamos a perder si no cuidamos la ecología? ¡Que forma de complicarnos inútilmente la vida!

Amo la filosofía naturista. No se si es la pura o no. Le encuentro tan infinitos matices que muchas son las formas de expresarla; quizás tantas como naturistas hay. Es bella y alegre, respetuosa y sana. Sencillamente paso de todos los disparates que algunos textiles y medios de comunicación dicen sin conocimiento de causa. Me parece bien que alguien vaya desnudo por la calle, si así le apetece, y encuentro igualmente perfecto si solo lo hacen en su casa o en la sauna. Vive y deja vivir, y no te amargues porque cuatro mentes taradas, continúen con la enfermiza obsesión de imponer su punto de vista. Que se vayan a sus infiernos con su mojigatería o que permanezcan aquí, como amigos nuestros, pero respetando a los que no pensamos igual.

Recomiendo a todos que prueben el desnudo en común, una parte fundamental del naturismo, y también que, de vez en cuando, vuelvan al desnudo en solitario. Disfrutar de él en todas sus formas tanto meditativas como meramente físicas, haciendo funcionar la mente o dejándola en blanco. La cuestión es que no anestesiemos, mediante capas de ropa, esas maravillosas sensaciones que solo puede proporcionarnos la piel desnuda. No acoracemos nuestro cuerpo como la espalda de una tortuga y nos privemos del tacto, ese gozoso y primitivo sentido tan olvidado. Si ello implica que nos acaricien o que nos acariciemos nosotros mismos pues adelante. Tanto si el fin es comunicativo como sexual, es perfectamente válido. Son formas de sensaciones que la sociedad ha condenado de diversas maneras. No nos dejemos manipular por gente amargada; sus mentes están ya demasiado anquilosadas y llenas de bilis para cambiar ¡pero ese es su problema!.

Mis torpes palabras no pueden describir mis verdaderos sentimientos. Creo sencillamente que cuando alcanzas ciertos estados mentales, como yo en lo alto de esa roca, creces interiormente; te sientes más próximo al conocimiento de tu cuerpo y la naturaleza. Una inspiración de aire se trasforma en un saborear el entorno; al mismo tiempo cuento todos los sonidos que me llegan, asombrándome de lo numerosos que son. La mente reproduce el lienzo de colores naturales proporcionado por los ojos, pero al mismo tiempo le añade matices cromáticos que quizá no existan, aunque eso no importa demasiado. Mientras tanto extiendo una mano para acariciar el aire tanto como él me acaricia a mí y dejo que el sol me inunde con su energía. Parezco solo ser un hilo conductor entre el astro y el suelo; aprendo de ambos como mis mentores. Ellos estaban aquí millones de años antes que nosotros y seguirán ahí, cuando nuestra estupidez nos autodestruya.

Me conformo pues con esos breves momentos de comunión absoluta con la naturaleza; una sinceridad sensitiva que nunca debimos perder.

Fuente: Libro Para un mundo mejor: Ateismo y Naturismo (fragmento). Editorial Createspace Independent Publishing Platform, United States 2015. Autor: Ricardo Pallejá Herrera.

El recetario del profesor Capo. El impulsor de la cocina vegetariana

Nicolás Capo con su mujer, Ramona, que lleva en brazos a su hijo Apolo, en la colonia nudista de Gavà, en 1932

Nicolás Capo (1899-1977) fue uno de los introductores del naturismo en España. Autor de numerosas obras de divulgación naturista y precursor del nudismo, promovió incansablemente la trofoterapia, es decir, la dieta regeneradora de las enfermedades causadas por una combinación incorrecta de los alimentos.

El afán por seguir difundiendo esta ideología llevó a su hija Odina a regentar desde hace ya un cuarto de siglo un restaurante vegetariano que todavía hoy abre sus puertas en Barcelona: L’hortet. La tercera generación de la familia trabaja hoy en L’hortet, un clásico del buen comer, con precios asequibles y productos naturales. La filosofía del profesor Capo sigue presente en el menú que cada día ofrecen a sus clientes.

El recetario del profesor Capo. El impulsor de la cocina vegetariana
El recetario del profesor Capo. El impulsor de la cocina vegetariana

El libro Recetario del profesor Capo, el impulsor de la cocina vegetariana es, en realidad, un “triple” libro:

Porque cuenta la biografía de Nicolás Capo, desde su condición de sospechoso para las autoridades de la dictadura a su amistad con Mahatma Gandhi o Pau Casals.

Porque explica las bondades del naturismo y la vida sana.

Porque muestra algunas de las recetas más populares y sabrosas que se ofrecen en el restaurante L´Hortet. Casi un centenar de propuestas, magníficamente ilustradas, con sugerencias de entrantes, primeros platos, segundos, postres y bebidas vegetales.

Cada receta, además, se presenta de una manera muy original: la doble página ofrece, junto a los ingredientes y pasos para la elaboración del plato, la descripción que el profesor Capo hizo en su momento de las propiedades naturales o curativas de alguno de los ingredientes, junto con una explicación de los alimentos con los que mejor combina o de aquellos con los que no debe mezclarse.

El nudismo purificador

El profesor Capo solía decir “Hagamos un pequeño esfuerzo y seamos puros”. Y cuando se refería a la pureza no sólo aludía a la salud del cuerpo sino también del espíritu y la mente. Capo entró de lleno en el nudismo a mediados de los años veinte, cuando se instaló en Barcelona, y se convirtió en uno de sus principales promotores a través de la revista Pentalfa. Naturismo y nudismo se complementaban.

“El desnudismo es una vuelta consciente a la naturaleza y nunca una práctica de exhibicionismo y de estímulo del erotismo”, aseguraba Capo. Pero este ideal un tanto ingenuo era difícil de transmitir y complicado de entender en una sociedad que veía el desnudo como un pecado, y el cuerpo de la mujer como una tentación inmoral.

Para Capo el nudismo -o “desnudismo científico y filosófico”, como lo llamaba- era sinónimo de salud y librecultura, e impliaba una liberación de la mente y del sexo en el sentido de deshacerse de la necesidad de practicar sexo y, así, purificarse y fortificar la mente. El profesor veía el sexo con la única finalidad de procrear, las mujeres no tenían, en su opinión, connotaciones sexuales. Pese a la naturalidad con que difundía los beneficios del nudismo, era muy discreto y, a la vez, muy estricto con quién y dónde practicarlo. Por este motivo, tanto la familia Capo como sus pacientes tomaban sus baños de sol desnudos y a resguardo de curiosos en la terraza de su vivienda de la calle Alcoy de Barcelona o bien en los campos nudistas que fundó a imagen de los que proliferaban en Francia y Alemania. Uno de esos campos nudistas fue fundado en 1929, estaba situado en Gavà (Barcelona), el Paternón o masía Can Torelló, y era el punto de encuentro de naturodesnudistas y “amigos del sol”; matrimonios y familias con hijos. Nunca accedían personas solas con el fin de evitar voyeurs, a quienes el profesor decía que se equivocaban, que aquello era salud y no había que hacer caso a las “malas pasiones”. Resguardados por una tapia de más de dos metros de alto practicaban gimnasia sueca o educación fisicobiológica y deportes de equipo, tomaban baños de sol, comían paellas vegetarianas, y compartían canciones, poesías y simbólicos bailes purificadores alrededor del fuego. En este entorno estaban seguros de que los niños serían vegetarianos convencidos, como Gandhi o Tolstoi, que vivirían sin probar la carne de “inocentes animales”, y no se extrañarían de ver a los padres desnudos ni se avergonzarían de sus cuerpos porque lo considerarían natural, no lo verían como exhibicionismo.

Extraído del libro “Recetario del profesor Capo, el impulsor de la cocina vegetariana” (fragmento).

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Hija del naturista Nicolás Capo espera recibir pronto documentos expoliados.

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