Eva ha muerto – Teatro Fierabrás

Un texto de amor, un escenario desnudo, un actor desnudo, un público desnudo (en funciones especiales)… eso y más es Eva ha muerto.

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Sinopsis: Adán, quien duerme sobre el lecho de hojas secas bajo el que Eva yace enterrada, es despertado por un coro de ángeles y campanas enviado por Dios, obligándole a relatar a la humanidad su pasado: una intensa historia de amor junto a Eva que terminó con su suicidio el día en que, accidentalmente, el pequeño de sus tres hijos, Set, muere mientras jugaba con sus otros hermanos, Caín y Abel. Enloquecido, Adán intenta resucitar a su amada dándole a morder el fruto del árbol de la vida, pero es demasiado tarde: Eva ha muerto. Dios castiga a Adán por haber desobedecido su mandato y le condena a vivir eternamente, a oscuras, en tiniebla también eterna, no viendo más allá del lecho de hojas donde Eva yace enterrada. Condenado al insomnio, a ser despertado cada hora de su sueño para relatar a la humanidad su vergüenza, Adán desgrana una vida rebosante de amor y dolor a partes iguales.

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Eva ha muerto: Sin más escenografía que un escenario desnudo, un actor desnudo y un texto desnudo, es un canto de amor al amor. A través de las imágenes evocadas (llenas de poesía, sentimiento y toques naturalistas, todo ello iluminado de forma tenebrista como los lienzos de Caravaggio o Ribera), el espectador se adentrará en la espesura del paraíso sentimental que supuso para Adán enamorarse de Eva y el intenso dolor que conllevó su muerte, convirtiendo ese paraíso en un desierto de soledad. La obra, además, equipara la condición del (des)enamorado con la del preso, pues en definitiva ambos experimentan la sensación de pérdida y de soledad que supone vivir encerrado, independientemente de si ese encierro es en una celda (físico) o en un sentimiento enquistado (emocional).

El actor Mikel Arostegui (Adán), recién graduado en Arte Dramático en la Escuela de Cristina Rota y trabajando desde hace tres años en la Katarsis del tomatazo, es miembro de la compañía vasca 13 Actos, con la que ha rodado varios cortometrajes entre los que destacan French Omelette o Evasión (ambos producidos en 2011) y D-efecto (2012). Tras ensayar ¿Dónde estará mi curro?, su segundo montaje con Fierabrás es Eva ha muerto.

César Augusto Cair autor y director de la obra, ha publicado las novelas Un calor insaciable (2000) en la editorial Odisea, El vómito de Jakobo (2007) en la editorial Hiria Iano-Books, y Labios de arcilla (2012) en la editorial Stonewall. Cofundador y actual director de Fierabrás, ha escrito y dirigido Quijotada pacata de Miguel y de Cata (2005), Peladuras de mandarina (2007), el monólogo Eva ha muerto (escrita en 2009 y publicada por la editorial Seleer en 2012), y Quinto aniversario (2010-11-12). No la dirigió pero también escribió para Fierabrás Mi estúpida Anacrusa, representada en 2008-09. Publica en 2013 el drama FLhUIDOS con la editorial Seleer.

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Eva a muerto se estrenó en 27 de Noviembre de 2013 en la Sala Tarambana de Madrid, y aunque anteriormente la obra fue censurada por el Ayuntamiento de Madrid, desde entonces el montaje se ha representado en los siguientes lugares y fechas, en ocasiones con funciones especiales para nudistas:

Diciembre 2013: Sala Tarambana, Madrid.
Febrero 2014: Sala Kontainer, Bilbao y Espacio Labruc, Madrid.
Abril 2014: Sala Àtic22 y Teatre Tantarantana, Barcelona.
Mayo 2014: Sala La Protectora, Valencia.
Octubre/Noviembre 2014: La Casa de la Portera, Madrid.
Abril 2015: Sala La Casa del Príncipe, Madrid

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La Compañía de Teatro Fierabrás nació oficialmente en el 2005, durante las celebraciones del año Quijote. Nos pareció todo aquello tan desmedido que casi llegamos a aborrecer tanta conmemoración. Por ello, nos juntamos cinco profesionales del teatro y de otras ramas y fundamos este grupo ilusionado y heterogéneo, un grupo abierto a todo aquel que tenga algo importante que mostrar, siempre y cuando respete nuestra filosofía ecléctica y nuestra forma de entender la escena. Funcionamos como cooperativa en el sentido de que todos, tanto fundadores como actores y demás integrantes, opinamos y decidimos. No recibimos subvenciones ni nos casamos políticamente con nadie, de ahí la independencia de nuestros montajes y la sensación gratificante de estar haciendo lo que realmente queremos. Hoy hacemos teatro, mañana no sabemos… Valoramos más, por tanto, la satisfacción que el éxito, aunque hayamos comprobado por propia experiencia que no están reñidos.

Como nacimos durante el ‘año Quijote’, propusimos los cinco fundadores varios nombres y elegimos el defendido por Carmen Bermejo, Fierabrás, porque aquél era el bálsamo que Don Quijote tomaba para vomitar, al igual que nosotros con nuestro teatro, pues pretendemos provocar el vómito y la catarsis emocional y racional de los espectadores, consiguiendo así la esperada fusión de los que estamos sobre el escenario con la cuarta pared, el público, ese agujero que respira. Nuestro público, además de respirar, ríe, llora, piensa o se excita, manteniendo siempre sus cinco sentidos a flor de piel.

Información complementaria:

CríticasEntrevistasNotas de prensa.

La historia de la fotografía de desnudo I

Pinturas en cuevas prehistóricas, estatuas de la Antigüedad clásica en Grecia y Roma, esculturas eróticas de la India y África, figuras femeninas desnudas y otros artículos antiguos encontrados en todo el mundo son pruebas de la profunda fascinación por el cuerpo desnudo.

La invención de la fotografía en el siglo XIX creó un nuevo medio para retratar el cuerpo y, aunque los primeros profesionales se inspiraron en la tradición europea de pintura, en lo que respecta a los temas, la composición y la iluminación, las diferencias de los procedimientos entre ambas formas de arte pronto marcaron evoluciones distintas. Concretamente, la relación entre el artista y el modelo adquirió un papel fundamental.

Además, la fotografía introdujo una opción que nunca antes había estado disponible en el arte visual: se podía elegir entre capturar una escena de forma instantánea, tal cual (lo que se vino a denominar reportaje), o crear una composición artística colocando deliberadamente todos los elementos antes de que se abriera el obturador.

DESNUDEZ CON MENSAJE

A pesar de la dificultad técnica que entrañaba crear las primeras fotografías, tienen el mérito de haber allanado el terreno para una experiencia visual que cualquiera podría disfrutar. En la medida en que la fotografía fue ganando popularidad, también la ganaron las imágenes de cuerpos desnudos, introduciendo la sexualidad en el nuevo medio, con frecuencia en las guisas del esteticismo. Estos desnudos, fotografiados a la luz del día, se veían apasionadamente reales en comparación con las pinturas, en los que el espectador sabía que el artista había descrito cuidadosamente la luz del cuerpo del modelo a su libre albedrío.

Autopotrait en noyé (1840) de Bayard
Autopotrait en noyé (1840) de Bayard

Sin embargo, una de las primeras fotografías de desnudos, tomada por Hippolyte Bayard (1801-1887), no tenía nada de erótica ni de la admiración clásica por las formas humanas. En Autoportrait en noyé (Autorretrato ahogado), Bayard se retrató a si mismo desnudo, con la excepción de un trozo de tela que representaba un sudario, sentado medio desplomado, aparentemente muerto. Bayard había inventado su propia técnica de fotografía de impresión en positivo aproximadamente a la vez que Louis Daguerre (1787-1851), pero fue este último, con su “daguerrotipo”, quién recibió el reconocimiento oficial del gobierno francés. Como reacción contra la injusticia que él sintió que se había cometido, Bayard creó esta fotografía. No sólo fue ésta la primera vez que se utilizó una fotografía de desnudo con un fin político, sino que también fue la primera que mostraba el cuerpo humano en un escenario teatral. De hecho, puede que sea la primera vez que se fotografió una figura humana desnuda, puesto que la técnica de Daguerre necesitaba una exposición extremadamente larga y su fotografía de un cuerpo femenino, de 1839, se obtuvo fotografiando una escultura.

DESNUDOS ERÓTICOS

Al principio de la década de 1840, con las mejoras en las lentes y en los productos químicos se hicieron posibles exposiciones de menos de un minuto, un avance que abría camino a la realización de retratos populares. Otro avance fue la cámara esteroscópica, que creaba la ilusión de imágenes tridimensionales. Este efecto se conseguía presentando dos imágenes bidimensionales, ligeramente diferentes, una junto a la otra. Este proceso se utilizó para retratos cotidianos, pero también para mostrar imágenes “reales”, secretas y eróticas.

Dos de los defensores más prolíficos de esta nueva técnica fueron F.J. Moulin (aprox. 1800-1868) y Auguste Belloc (activo entre 1850 y 1868). Da la sensación de que estos dos fotógrafos franceses hayan probado todos y cada uno de los géneros del desnudo: desnudos académicos, desnudos pictóricos que simulan obras de arte famosas y las imágenes eróticas, incluso pornográficas. Sus fotografías de desnudos académicos se utilizaron como referencia entre pintores como Coubet y Delacroix, y ambos hombres se contaron entre los pioneros de la fotografía artística.

Femme nue allongée sur un canapé (alrededor de 1850) de Auguste Belloc
Femme nue allongée sur un canapé (alrededor de 1850) de Auguste Belloc

Tras la invención de la fotografía se planteó la pregunta de cómo debía representarse el cuerpo humano. En las pinturas lo habitual había sido mostrar la desnudez en escenas mitológicas, religiosas y alegóricas, lo que cubría con un velo de respetabilidad el acto de mirar algo que con frecuencia tenía un contexto sexual. Fuera ya de esos contextos y con una presencia más real, los desnudos fotográficos tomaron inevitablemente una connotación sexual. Muchos de los fotógrafos que exploraron la sexualidad del cuerpo humano lo hicieron anónimamente y algunas de aquellas imágenes continúan siendo impactantes aún hoy. No sólo mostraban la belleza de sus modelos, sino también sus necesidades sexuales, sus deseos y sus actividades, a menudo explícitas, un tema que reaparecería en la escena artística a mediados del siglo XX.

La producción de las fotografías de desnudos eróticas y pornográficas pronto se convirtió en un próspero negocio que alimentaría los apetitos de determinados segmentos del público, bien censuradas oficialmente o bien existentes en un mercado underground ilegal, en función de lo que permitieran las leyes de cada lugar.

EL DESNUDO CIENTÍFICO

Mientras se desarrollaba el género de la fotografía erótica y los artistas discutían sobre el uso de la forma humana en este nuevo medio, otros fotógrafos se adentraban en las posibilidades científicas y técnicas. En Estados Unidos y Francia, respectivamente, Eadweard Muygridge (1830-1904) y Etienne-Jules Marey (1830-1904) realizaban experimentos con la cronografía, es decir, un conjunto de fotografías de un objeto en movimiento a intervalos regulares, en la que un cuerpo desnudo se convertía en el motivo perfecto, por razones artísticas, pero también científicas. La cronología capturaba movimientos, demasiado rápidos para que el ojo los captara, con un fondo negro que permitiera la comparación de las diferentes posiciones que adoptaba el cuerpo en movimiento.

Motion Study of an Athlete on the March (alrededor de 1900) de Eadweard Muybridge
Motion Study of an Athlete on the March (alrededor de 1900) de Eadweard Muybridge

Otra área científica de investigación popular a mediados del siglo XIX fue la antropología, y los científicos tenían mucho empeño en crear un registro fotográfico de las personas que estudiaban. En la medida en que viajar comenzó a ser más fácil, la curiosidad por tierras extrañas aumentó. Fotografías “exóticas”, con frecuencia de las colonias africanas o asiáticas, sedujeron a espectadores occidentales con imágenes de personas semidesnudas.

Este tipo de imágenes y la fascinación por personas y culturas lejanas ya era patente en las pinturas y las esculturas mucho antes de la invención de la fotografía. Sin embargo, este nuevo medio daba a las imágenes una garantía de autenticidad que tuvo como consecuencia el boom de la fotografía etnográfica. Fotografías de personas que vivían en estrecha relación con la naturaleza, con valores culturales e ideas de la moralidad sexual diferentes, se hicieron muy populares entre los occidentales por motivos científicos, ideológicos y, por supuesto, artísticos y eróticos, desde la década de 1860 hasta bien entrado el siglo XX. Aunque algunos fotógrafos adoptaron una postura genuinamente científica, muchas de las imágenes se podrían clasificar de “etnografía imaginativa”. Esta visión exótica de lo extraño, la idealización romántica y la fantasía erótica rayaban en el racismo y la etnocentricidad; con frecuencia revelaba más de la cultura de los fotógrafos y sus fantasías que de las culturas extranjeras y sus pueblos indígenas.

Fathma, de la tribu des Ouled Naif (1904) de Rudolf Lehnert
Fathma, de la tribu des Ouled Naif (1904) de Rudolf Lehnert

Esta forma de abordar la fotografía se puede observar en la obra de Rudolf Lehnert (1878-1948) y Ernst Landrock (1878-1966). Nacido en Bohemia (región que en aquella época formaba parte del imperio austrohúngaro), Lehnert conoció a Landrock, alemán, en Túnez en 1904. Juntos montaron un estudio de fotografía en la capital. Lehnert se ocupaba de tomar las fotografías y Landrock dirigía el estudio. Posteriormente abrieron un negocio el El Cairo para vender postales e impresiones de escenas románticas del desierto, de las tribus beduinas y de chicas semivestidas o semidesnudas.

Fuente: Desnudo Fotografía. El arte y la técnica (fragmento). Ediciones Akal 2010. Autor Pascal Baetens.

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La historia de la fotografía de desnudo II

Y LA FOTOGRAFÍA CONOCE EL ARTE

Desde sus orígenes, la fotografía ha servido de gran ayuda a pintores y escultores, quienes tenían acceso a numerosos libros de desnudos en diferentes poses y escenarios. A mediados de la década de 1880, todo ello dio lugar a un movimiento a favor del reconocimiento de la fotografía como forma de arte equivalente, que se vino a denominar pictorialismo. El objetivo de los pictorialistas era conceder a la impresión fotográfica el rango de un auténtico objeto artístico, por lo que creaban productos muy similares a las pinturas, tanto en el contenido como en la forma. Estos fotógrafos tuvieron que pasar la prueba de la crítica como en cualquier otro medio artístico: el resultado tenía que ser satisfactorio en composición, calidad del color, tono e iluminación, poseer atractivo estético y exhibir de algún modo la huella personal del fotógrafo.

Las fotografías que tomaban los pictorialistas de modelos desnudos no eran retratos, sino que exploraban la narrativa y el simbolismo y expresaban las emociones y los sueños de los fotógrafos. En vez de intentar producir imágenes con el máximo de detalles, suavizaban sus impresiones utilizando lentes difusores y elaborados procesos de impresión.

Struggle (1904) de Robert Demachy
Struggle (1904) de Robert Demachy

Robert Demachy (1859-1936) fue el más famoso representante del pictorialismo en Francia, mientras que Edward Steichen (1879-1973), Frank Eugene (1865-1936) y Heinrich Kuhn (1866-1944) fueron sus defensores más notables en Estados Unidos, Alemania y Austria, respectivamente. Todos ellos comparten matices en cómo trabajan el cuerpo femenino, no sólo en sus técnicas de pintura, sino también en su tendencia a retratar a la modelo en un ambiente onírico. Todos pretendían representar la desnudez en su forma sublimada para que el espectador reflexionara sobre el significado de la imagen, en lugar de estimular su deseo.

LA FOTOGRAFÍA ENCUENTRA SU CAMINO

Alrededor de 1910 se abandonaba el afán de copiar el estilo de las pinturas propio del pictorialismo para abrir un nuevo capítulo en la historia de la fotografía. Como reacción contra la corriente anterior, poco fotográfica, algunos se inclinaron por lo que se llamó fotografía pura o directa: ahora el tema era la realidad, por oposición a la idealización o la sublimación de la realidad. La fotografía, que había sido reconocida como arte, ya no necesitaba imitar a la pintura.

Los modernistas buscaron elementos que tuvieran atractivo para sus fotografías y emplearon técnicas específicas del medio fotográfico. El cuerpo desnudo se presentó entonces como un tema por sí mismo, utilizado de una forma gráfica con una fuerte interrelación de líneas y ángulos. Para artistas como el austriaco Rudolf Köppitz (1884-1936) y el checo František Drtikol (1883-1961), el desnudo pasó a ser una figura con la que crear composiciones geométricas y abstractas inspiradas en el cubismo, a pesar de que todavía utilizaban las mismas técnicas difuminadas de la pintura que emplearon los pictorialistas. Otros fotógrafos buscaron cualidades gráficas no sólo en sus composiciones, sino también en las técnicas de la pintura.

En la década de 1920, nació el movimiento surrealista en las artes visuales y la literatura, como reacción ante el racionalismo imperante en la cultura y la política europeas que los miembros del movimiento creyeron que desembocaría posteriormente en la Segunda Guerra Mundial. Influenciados por Freud, el objetivo de los surrealistas era desdibujar las líneas entre el consciente y el inconsciente y expresar la imaginación tal como se revelaba en los sueños. El francés André Breton (1896-1966) y sus colegas surrealistas descubrieron poco después las posibilidades artísticas inherentes a la fotografía, especialmente en los collages. En la obra de estos artistas, la representación del cuerpo se cubría de un velo de misterio y cierto erotismo. Utilizando los efectos más radicales que ofrecía el medio, ya fuera la vista de pájaro y una profundidad de campo corta, o el uso de espejos y técnicas del cuarto oscuro como la solarización, el cuerpo se podía presentar de modos muy poco familiares.

Distorsión nº 60 (1933) de André Kertész
Distorsión nº 60 (1933) de André Kertész

El fotógrafo húngaro André Kertész (1894-1985) utilizó espejos de feria en su serie Distorsion para deformar el cuerpo de mujer. En Estados Unidos, Edward Weston (1886-1958) creó imágenes con fragmentos del cuerpo, utilizando con frecuencia una perspectiva desde abajo, mientras que otros coetáneos como Alfred Stieglitz (1864-1946) e Imogen Cunningham (1883-1976) combinaron en sus fotografías la geometría y la abstracción con el erotismo.

Natacha (alrededor de 1930) de Man Ray
Natacha (alrededor de 1930) de Man Ray

Man Ray (Emmanuel Radnitsky, 1890-1976) fue pionero en el uso de técnicas de producción de imágenes surrealistas mediante la manipulación en el cuarto oscuro. Este artista nación en Filadelfia y comenzó su carrera artística como pintor antes de adentrarse en la fotografía en 1916. En 1921 se trasladó a París, donde pasó la mayor parte del resto de su vida. Se le conoce por descubrir, con su amante y ayudante Lee Miller, el proceso de solarización. En éste, el negativo o la impresión se expone brevemente a la luz; en consecuencia, los tonos se invierten parcialemente y, por lo general, producen el efecto de dibujar el contorno del cuerpo en sus trabajos de desnudos. Man Ray también abordó la fotografía de moda y publicidad.

Nude, East Sussex COSAT (1957) de Bill Brandt
Nude, East Sussex COSAT (1957) de Bill Brandt

Los experimentos gráficos y otras exploraciones en el medio fotográfico continuaron gozando de popularidad durante las décadas de 1940 y 1950 y, con frecuencia, introdujeron elementos nuevos, como por ejemplo, los paisajes naturales de la obra del fotógrafo británico Bill Brandt (1904-1983). En una serie de desnudos fotografiados en las playas de la región de East Sussex, utilizó un objetivo gran angular en los primeros planos, consiguiendo distorsiones extremas del cuerpo, e imprimió las imágenes en blanco y negro con alto contraste. Estos cuerpos estremecedoramente blancos fotografiados en la campiña inglesa parecían formar parte del paisaje: el desnudo volvía a la naturaleza, liberado de los artificios de la civilización.

DESNUDOS Y CLASICISMO

La belleza de las estatuas de la Grecia y Roma clásicas ha inspirado a pintores y fotógrafos a lo largo de toda la historia, y en el siglo XX la influencia clásica se utilizó con fines artísticos, políticos e, incluso, eróticos. A principios del siglo, el movimiento nudista celebró la belleza de la figura humana con imágenes de jóvenes gimnastas saludables en paisajes soleados y puros, mientras que en 1927 Elli Souyoultzoglou-Seraidari (1899-1998), conocida como Nelly´s, fotografió a las bailarinas rusas Nikolska y Mona Paiva bailando desnudas entre los pilares del Partenón como si fueran la encarnación de un mito antiguo. Sus imágenes de bailarinas desnudas provocaron un escándalo y, de paso, le garantizaron la fama.

Aunque el tema principal era el cuerpo humano desnudo, la sexualidad también se podía hallar en fotografías de ámbito privado. El alemán Herbert List (1903-1975) fotografió a hombres desnudos en un escenario que recreaba el de la Grecia clásica, con posados y un estilo de influencias literarias contemporáneas, especialmente de Jean Cacteau. Estas imágenes homoeróticas, en alto contraste y tomadas con gran angular, donde se veía a hombres jóvenes desnudos yuxtapuestos con estatuas antiguas, muestran un punto de vista atemporal y mítico que otorga la misma importancia a un templo que a un cuerpo. Sus imágenes no se publicarían hasta después de su muerte.

En los años de la década de 1930, los regímenes políticos utilizaban imágenes de atletas desnudos para mostrar la aparente supremacía de su pueblo. El cuerpo humano debía ser perfecto y saludable, tener la mente libre para estar al servicio de un objetivo superior: los intereses de la nación. Los experimentos artísticos de los dadaístas y los surrealistas se consideraban degenerados en países como la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin, de modo que muchos vanguardistas salieron de Europa con dirección a Estados Unidos.

Lebendige Antike (1936) de Leni Riefensthal
Lebendige Antike (1936) de Leni Riefensthal

El máximo exponente del cuerpo desnudo fotografiado en un estilo que se remontaba a las glorias de la Antigüedad en los intereses de la propaganda es Leni Riefenstahl (1902-2003). Ella fotografió los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y su conocida película Olympia elogia a los atletas de la Alemania nazi en poses heroicas. Su libro de fotografías Schönheit im Olympischen Kampf es menos conocido. Las imágenes de hombres hermosos desnudo, captados bajo un sol cegador, le reportaron la aprobación de Hitler y eso eclipsó el resto de su carrera. No obstante, fuera de su contexto político, las imágenes de Riefensthal se admiran hoy por su técnica y por la belleza del cuerpo humano, aunque esta artista sólo fotografiaba los que eran perfectos. Menos polémicas fueron sus fotografías de los nubios, una antigua tribu sudanesa. Riefensthal documentó su belleza, sus tradiciones y rituales durante siete años en la década de 1960, y también en esta ocasión concentró su interés en las personas que poseían cuerpos excepcionales.

Fuente: Desnudo Fotografía. El arte y la técnica (fragmento). Ediciones Akal 2010. Autor: Pascal Baetens.

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La historia de la fotografía de desnudo III

EL ESTILO DOCUMENTAL

Eleanor (1948) de Harry Callahan
Eleanor (1948) de Harry Callahan

Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, se hizo mayor énfasis en la sensualidad y ternura de las imágenes de desnudos. Los artistas comenzaron a dar nombre a sus modelos, que en ocasiones eran las propias esposas. El ejemplo más característico es el del estadounidense Harry Callahan (1912-1999), quien hizo numerosos estudios de su esposa Eleanor, concretamente desde 1947 hasta finales de los años cincuenta, utilizando una variedad de técnicas y situándola tanto en interiores como en paisajes naturales. Actualmente, algunos fotógrafos consideran esta serie como el área más importante de su trabajo y para describirla utilizan términos como intimidad, confianza y amor entre ellos.

Diane Arbus (1923-1971) también fotografió el desnudo en el paisaje empleando un estilo documental y realista durante las décadas de 1950 y 1960. Arbus es conocida por su sensibilidad hacia las personas que vivían en los márgenes de la sociedad, así como por su fascinación por lo grotesco y lo marginal: la gente del circo, gigantes, enanos, transexuales y personas con discapacidad mental formaron parte de su galería de retratos de la América de la exclusión. Por otro lado, las fotografías que tomó en colonias nudistas muestran la vida diaria de familias americanas, con la excepción de que las personas que retrató no estaban vestidas. El resultado de esta forma de enfocar el trabajo es que el observador apenas presta atención a la desnudez de los modelos, sino que se siente más interesado por la pose y el entorno. Lejos del físico perfecto de los atletas que buscaba Riefenstahl, Arbus fotografió cuerpos humanos defectuosos, prestando atención a sus circunstancias, en oposición a cualquier connotación sexual. A pesar de la frialdad de su estilo documental, su empatía es real y la simplicidad de su enfoque de los temas fuera de las corrientes dominantes de la sociedad es tan ejemplar como conmovedora.

FOTOGRAFÍA DE MODA

A finales de la década de 1930, los fotógrafos de moda comenzaron a ver a los modelos no sólo como perchas para colgar la ropa de los diseñadores, sino como el mismo motivo de la fotografía. Trabajando para Vogue y Harper´s Bazaar, Erwin Blumenfeld (1897-1969) unió con éxito una visión vanguardista de la composición y del uso de la solarización con fotografía de moda. Su trabajo representaba la moda en un estilo gráfico, en el que la ropa es el abstracto y el cuerpo de la modelo es el foco principal. El énfasis que recaía en las modelos dio lugar a que finalmente Blumenfeld tomara algunas de las primeras imágenes de desnudos que se veían en la revista Vogue. Utilizando fondos apropiados para las ropas y creando una atmósfera que impregnaba toda la imagen, el fotógrafo inventó un universo muy personal que todavía hoy ejerce influencia en los fotógrafos de moda.

Odalisque 1 (1943) de Paul Horst
Odalisque 1 (1943) de Paul Horst

Paul Horst (1906-1999) saltó a la fama con la publicación de su fotografía The Mainbocher Corset, que apareció en Vogue en 1939. Aunque no es una imagen de desnudos, la silueta de cuerpo de guitarra de la modelo se enfatiza con la iluminación de claroscuro y el lazo suelto del corsé insinúa desnudez. Con la cabeza agachada y en medio perfil, la modelo parece dar su consentimiento a nuestra mirada, voyerista y cómplice al mismo tiempo. Horst fotografió muchos desnudos con este estilo, utilizando varios focos de estudio para crear un juego estético de luces y sombras.

En este nuevo concepto de moda, el cuerpo se convirtió en el elemento más importante, mientras que las prendas de vestir pasaban a un segundo plano. Las imágenes de Horst y Blumenfeld demostraban el deseo del redescubrimiento del cuerpo y sus dimensiones artísticas, al mismo tiempo que responden a las necesidades de la fotografía de moda. Las revistas a ambos lados del Atlántico desde Vogue y Harper´s Bazaar, hasta Le Jardín des Modes, fomentaron este tipo de estética, con imágenes de ropa interior, trajes de baño y desnudos.

Pero no todos los fotógrafos de moda pusieron sus desnudos a merced de las necesidades de la fotografía de moda. En 1949-1950, Irving Penn (1917-2009) fotografió desnudos absolutamente poco convencionales para los estándares de la moda: sus torsos rollizos se retuercen y estiran, con abdómenes protuberantes y caderas prominentes. Las formas voluptuosas deben más a los ídolos de la fertilidad antiguos que se encuentran por todo el mundo, a las mujeres rollizas de Rubens y a los experimentos de distorsión de los modernistas anteriores a la guerra, que a las imágenes de moda de mediados del siglo XX.

EL DESNUDO MASCULINO

Hasta finales de la década de 1960, las imágenes de cuerpos eran principalmente de cuerpos femeninos tomadas por hombres. El desnudo fotografiado seguía en gran medida las convenciones académicas heredadas del arte clásico, en especial en Europa. Sin embargo, en la desestabilización social de aquella década se gestarían las bases de una nueva forma de ver el cuerpo humano.

Abbaye de Montmajour, Arles 1893 de Arno Rafael Minkkinen
Abbaye de Montmajour, Arles 1893 de Arno Rafael Minkkinen

En el género del autorretrato, tres fotógrafos de la misma generación rompieron tabúes, si bien es cierto que de formas muy diferentes. Dieter Appelt (Alemania, 1935), Jan Saudek (República Checa, 1935) y Arno Rafael Minkkinen (Finlandia, 1945) han dedicado la mayor parte de su trabajo no sólo al autorretrato, sino más concretamente al autodesnudo.

La obra de Dieter Appelt muestra el cuerpo humano de una forma como de concreción geológica, una mezcla de teatro, pintura y escultura, emocionalmente inquietado por su deshumanización brutal del cuerpo mediante las texturas rugosas del material utilizado y las inusuales perspectivas y composiciones.

Jan Saudek, que vivía en la Praga comunista, transformó sus obsesiones sexuales a través de sus fotografías, muchas de las cuales fueron creadas en un sótano viejo y relativamente pequeño. Paredes desconchadas, una pequeña ventana y la absoluta necesidad de discreción fueron las limitaciones que tuvo que superar. Saudek fotografió escenas eróticas de mujeres y parejas, en las que él desempeñaba con mucha frecuencia el papel del hombre. Coloreaba las imágenes a mano, lo que les aportaba un aspecto y un ambiente característico. Sus imágenes, precursoras del arte pornográfico de la década de 1990, obtuvieron reconocimiento en todo el mundo tras la caída del Telón de Acero en 1989.

Hasta los años sesenta, el cuerpo masculino desnudo se representaba únicamente como un guerrero, un deportista o un modelo. Sin embargo, el cuerpo se convierte casi en un objeto, una estatua abstracta, en el trabajo de Minkkinen. Este fotógrafo, esquelético y casi de 2 metros de altura, distorsiona el encuadre y a veces aparece como una mera silueta. En su serie de autorretratos, las partes de su cuerpo, situadas en medio de la naturaleza y fotografiadas en primeros planos, parecen haber perdido su función tradicional. Paradójicamente, él descubre completamente su cuerpo, exponiendo sus imperfecciones, pero raramente muestra su rostro, y se suele situar en los prístinos paisajes nórdicos de su Finlandia natal.

En angloamericano John Coplans (1920-2003) siguió los pasos de Minkkinen en la década de 1980 al fotografiar su cuerpo desnudo, deteriorado e imperfecto, manifestando su deseo de mostrarse y fotografiarse a sí mismo como si se estuviera mirando en un espejo, desnudo, enfrentado al espectador sin piedad a la crueldad del proceso de envejecimiento humano.

Thomas (1986) de Robert Mapplethorpe
Thomas (1986) de Robert Mapplethorpe

En oposición al trabajo de estos fotógrafos, también hubo una estética de la seducción masculina, cuyo mejor representante es el estadounidense Robert Mapplethorpe (1946-1989). Con una maestría suprema de la iluminación de estudio y cámaras de gran formato o medio formato, Mapplethorpe creó una suavidad y una perfección extremas en el cuerpo idealizado, influenciado por la fotografía de Host y el fotógrafo de moda George Hoyningen-Huene. La belleza escultural y la potencia erótica que infundió a sus cuerpos masculinos desnudos en blanco y negro no tiene parangón. También en Estados Unidos fotógrafos como Greg Gorman (1949), Bruce Weber (1946) y Herb Ritts (1952-2002) continuaron la búsqueda de belleza y sensualidad en el cuerpo masculino.

DESNUDOS FEMINISTAS

Con la aparición de revistas como Playboy en 1953 y Penthouse en 1965, la desnudez femenina erótica entró en la vida diaria y se convirtió en un tema de moda en ciertos sectores de la población en Europa occidental y Estados Unidos. Este tipo de imágenes de desnudos tenían una orientación absolutamente masculina, en el sentido en que las hacían los hombres para los hombres.

El movimiento feminista que nació en los años sesenta y ganó poder e influencia en los setenta rechazaba esta tradición de explotación masculina; desde entonces numerosas artistas mujeres han utilizado la fotografía y el vídeo para reclamar su identidad sexual independientemente de la mirada del hombre. Entre 1975 y 1981, la artista estadounidense Francesca Woodman (1958-1981) hizo una serie de autorretratos expresando su sexualidad, sus deseos y sus ansiedades. Sus fotografías eran con frecuencia un diálogo interior con el espejo, jugando con las ideas del narcisismo, su propia belleza y el conocimiento de que ésta se desvanecerá algún día. El desnudo de la obra de Woodman es más que provocativo: sirve como imagen de su alma, un diario emocional y autobiográfico que terminó cuando se suicidó a los veintitrés años de edad. La determinación feminista de afirmar la propiedad de las imágenes del cuerpo femenino es la lógica de estos autorretratos introspectivos, y Toto Frima (1953) también ha realizado magníficos ejemplos de este tipo de trabajo en los Países Bajos.

Fuente: Desnudo Fotografía. El arte y la técnica (fragmento). Ediciones Akal 2010. Autor: Pascal Baetens.

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