Me quité la ropa y los prejuicios para pasar un día en un camping nudista

Nudismo. Ya está. Solo con escuchar la palabra es casi inevitable que te hayas imaginado una playa con gente en pelotas, seguramente mayor y sin depilar, a la que le gusta exhibirse y mirar a otros haciendo lo mismo. Pero solo tienes que googlear esta palabra para saber que la concepción que tenemos del naturismo, un movimiento mucho más amplio que el nudismo ‘a secas’, no deja de ser un saco de prejuicios. Para mí, como mujer milenial que cada día intenta no juzgar su cuerpo, sigo siendo incapaz de hacer topless si hay algún miembro de mi familia o algún hombre a quien yo conozca y que no sea mi pareja. Así que, pensé, si tanta gente lo hace, mucho de bueno debe tener y yo quiero saber qué es. Y me fui a buscarlo, esta vez completamente desnuda, a uno de esos centros del respeto por el cuerpo y la naturaleza: un camping naturista.

Camping El Templo del Sol

Después de conducir hora y media desde Barcelona hasta L’Hospitalet de l’Infant (Tarragona) mi pareja y yo (a quién llamaré M. en adelante) llegamos a El Templo del Sol, uno de los nueve campings nudistas que hay actualmente en España y que, según me cuenta Ferràn Pujol, su Director de Comunicación, es de los mejor considerados. Ferràn me espera en la entrada para darme la bienvenida, para mi alivio, vestido. Me explica que allí todos los empleados llevan ropa para evitar malentendidos. Así que M. y yo todavía tenemos algunos minutos de margen para ‘enfrentarnos’ a nuestra desnudez pública y a la preocupación que le genera el pensar que va a pasarse todo el día empalmado.

El camping que, por cierto, está tan a tope de gente que no hay ningún bungalow, caravana ni tienda de campaña libre donde podamos pasar la noche, es la ‘torre de vigilancia’ que cuida de la zona. Lo único que la asociación naturista que protege la playa natural de El Torn y sus alrededores permitió construir con el fin de repeler a los rascacielos y los adosados típicos de las costas españolas. A día de hoy, aproximadamente 2.000 personas llenan este complejo, creado hace 25 años por una pareja francesa enamorada del naturismo y la Costa Dorada, y pasan el verano haciendo barbacoas, bañándose en su piscina panorámica y montando en bici. Lo mismo que tú o yo haríamos en un camping, pero en pelotas.

Parece sencillo, pero pasar unos días en uno de estos oasis de la desnudez no es tan fácil como presentarse allí y pagar. “A todo el que viene por primera vez se le exige el carnet de naturista. Si no lo tiene, no se le dará alojamiento”, me cuenta Ferràn. No es que esto sea un club selecto ni nada por el estilo, sino que se trata de una medida de prevención contra los mirones —una plaga que los naturistas sufren desde siempre y que es casi imposible de eliminar—, personas que asocian los campings y las playas nudistas al sexo fácil y, lo peor de todo, pedófilos y pederastas. “Hay gente que viene a lo que viene y esta es una forma de darle confianza a las familias que se alojan aquí y de tenerlo todo controlado”, añade. Tan controlado que, me advierte Ferràn, no podremos hacer fotos mientras estamos dentro del camping. Los naturistas normalizan el desnudo, pero más de una mala experiencia les ha llevado a ser desconfiados (y con razón).

Sí. También me quité la parte de abajo del bikini. Os lo recomiendo

Llegó la hora de quitarse la ropa y los prejuicios. La gente nos mira porque no nos conoce y, aunque vayamos desnudos, no llevamos la pulsera que identifica a los que se alojan allí. O porque nos ven observándolo todo con demasiada insistencia. Nos cruzamos con el primer pene y da impresión. Ojeamos a la gente de refilón, para los primerizos es casi imposible pasear por allí sin que te dé tortícolis de tanto disimular. Paseamos por el camping hasta la zona de la piscina y el bar, donde sí se exige taparse o poner toallas en los asientos simplemente por higiene.

Nos resulta curioso descubrir que, aunque todo el mundo que va al Templo del Sol lo hace, es solamente en la piscina donde se exige ir completamente desnudo. Su lema es “estar desnudo, si yo quiero, pero siempre en el respeto a los demás”. Porque, según me cuenta por teléfono Ismael Rodrigo, presidente de la Federación Española de Naturismo (FEN), el naturismo es un movimiento que se basa en el ecologismo y en la libertad individual de los que quieren desnudarse, pero también la de los que no: “Somos un movimiento de Derechos Humanos y el cuerpo humano no es ajeno a la libertad de expresión”. Defienden que, igual que uno puede vestirse como quiera y considerar su atuendo parte de su identidad, elegir la desnudez también lo es y, por tanto, cualquier ley que vaya contra eso, va contra los Derechos Humanos.

Bajando a la Platja de El Torn

Una vez nos queda un poco claro de qué va todo esto y para acostumbrarnos, nos dirigimos a la playa adyacente de El Torn en busca de personas más jóvenes que nos den su visión del asunto. No puede ser que estén todos en el camping cuando la playa es la mejor solución al calorazo que hace. Y, efectivamente, los encontramos en lo que podríamos llamar su hábitat natural: cerca del bar. Veo a un grupo de chicas hablando en la orilla y decido acercarme. Dos de ellas llevan pulsera del camping, las otras dos no. Descubro que se conocieron hace pocos días en esa misma playa y parece que ya fueran amigas de toda la vida. “Cuando estás desnudo delante de otra gente dejas de tener un estatus social o a cualquier otra etiqueta. Te conviertes en una persona igual a otra y puedes relacionarte de una forma más natural y directa”, apuntaba a este respecto el psicólogo (y también naturista) Raúl Padilla.

Las chicas me confirman que les es muy fácil conocer gente allí pero que no por eso es más fácil ligar ni se montan orgías cada dos por tres. “Aquí se liga lo mismo que en una playa normal, pero la gente es mucho más respetuosa con eso y nadie está examinando tu cuerpo”, asegura Natalia, que se aloja desde hace 15 años en el camping. “Hay menos problemas si no quieres hablar con alguien o simplemente decir ‘no’ porque nadie se ofende”, me explica Alba, una de las chicas que, aunque no se aloja en El Templo del Sol, ha crecido en una familia nudista del pueblo vecino. Mientras tanto, yo no dejo de pensar en que tengo las tetas y el ‘chocho’ al aire y que cualquier movimiento o gesto que haga podría terminar tocándole a alguna un pecho o cualquier ‘roce desafortunado’. Cosa que, para ellas, no supondría ningún problema porque un pecho no es distinto a un brazo.

Natalia y Alba se bañan tan alegremente en la playa de El Torn.

Es entonces cuando vienen a mi mente las palabras de Rodrigo de que “cuando practicas el nudismo estás haciendo que una mujer en topless no sea distinta a un hombre en topless“. En su opinión, el naturismo nos iguala a todos, desvincula la desnudez del sexo y ayuda a los niños que crecen veraneando en este tipo de sitios a entender que sus cuerpos no tienen nada de malo y que, por tanto, de lo que haya que avergonzarse o esconder. Para confirmar esto hablo con Ana S., una madrileña que ha pasado sus 28 veranos de vida en el camping nudista El Portús, en Murcia. “Mis padres ya iban antes de que yo naciera. Así que para mí siempre ha sido muy normal ver los genitales de mis padres, de hecho no comprendí que no era algo que le pasara a todo el mundo hasta que, de niña, me preguntaron varias veces¿pero tú has visto a tus padres desnudos?’. Y yo contestaba: ‘pues claro, ¿tú no?, me cuenta por teléfono.

Como era de esperar Ana nunca ha tenido problema en contar a los demás que, para lo que la mayoría de gente es ‘su pueblo’, ella pasa sus vacaciones desnuda en un camping, creció sin tener metido en el cerebro que su cuerpo era algo feo, sin torturarse mentalmente por querer tener menos culo o más pecho y sin tener relaciones sexuales con la luz apagada. “Las primeras veces pensaba en si lo estaba haciendo bien o mal, pero nunca he pensado que mi desnudo sea algo feo o no le gusto físicamente al chico”. Eso que nos pasa a casi todas (si a ti no, te envidiamos) por culpa de haber criminalizado nuestros cuerpos y autoexigirnos constantemente mejorarlos. Si no es ideal, mejor apaga la luz o ponte tú encima.

Y es que, según dicen los expertos, en el nudismo no existen los defectos físicos, sino que cada cuerpo es distinto a otro. Ni mejor, ni peor. Sin embargo, mientras M. y yo paseamos por la Playa del Torn no podemos todavía evitar sentirnos cohibidos aunque, eso sí, mucho menos que el camping. Quizás, el tener la posibilidad de que si uno no quiere toparse con miradas de nadie puede evitarlo metiéndose en el agua, nos hace sentir un poco más relajados. Así, mientras nadamos desnudos en el mar (la experiencia más liberadora y placentera del mundo, os lo aseguro) y tomamos el sol rodeados de parejas y grupos de amigos cuya media de edad ronda los 50, recuerdo otra de las cosas que el psicólogo Raúl Padilla me había advertido por teléfono justo el día antes: “Es normal que sientas rechazo cuando, estando desnuda, se te acerca alguien que no conoces. No lo has asimilado y crees que se te acerca con un fin nada claro, pero eso es porque tienes la concepción de ‘textil’, digamos”.

En el Templo del Sol las personas ni siquiera usan un delantal para cocinar.

Con la tontería y entre un baño y otro, se nos hacen las seis de la tarde y decidimos dar por terminada nuestra ‘excursión’. En ese momento, caigo en que no he visto a M. empalmarse ni una sola vez excepto, según me dice, solo en el agua y “por el hecho de sentirlo todo flotando, es placentero”. Un ‘problema’ menos, para el que Raúl Padilla, quien por cierto me atendió al teléfono en la playa y literalmente “en pelota picá”, tenía una fácil solución: “El reflejo de erección es algo completamente normal incluso estando vestidos y allí nadie se asustará por eso. Dile que cuando vea que un cuerpo desnudo no es una incitación al sexo no tendrá erecciones y lo normalizará”.

No se lo dije, pero ambos tuvimos esa sensación pasada la primera media hora y, ahora que nos vamos, la ropa nos sienta incluso extraña. Al volver a casa me di cuenta de que ese lugar no es casi un paraíso solo por el hecho de conservarse salvaje. Lo que lo hace tan especial es que uno puede realmente sentir que no está siendo juzgado por absolutamente nadie. No sé si la solución a todos nuestros problemas de autoestima sería pasar una temporada en un camping naturista (aunque yo sí lo recomiendo). Lo que sí sé seguro es que, desde que hemos vuelto, no ha pasado una noche en la que M. no duerma desnudo. Yo, de momento, me he pasado al topless. Paso a paso.

Fuente: codigonuevo.com, escrito por Noelia R. Ruano.

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Fotografía de desnudo

Nunca es tarde para iniciarse en la fotografía artística del cuerpo humano.

La larga tradición del desnudo en el arte nos ha dejado muchos genios, obras, polémicas y, por supuesto, fotografías. Desde los orígenes de la fotografía encontramos el desnudo artístico como tema. Ha servido para mostrar la belleza del cuerpo humano, pero, sobre todo, ha sido un vehículo para transmitir abstracciones, formas y universos personales (obsesiones, pasiones, fobias…).

Foto Jesús León

La fotografía de desnudo, pues, ha sufrido muchas etapas pero siempre esta ahí. Por eso, es un género constante y presente y muchas veces tabú y que cohibe a muchos fotógrafos que les atrae pero que no lo llevan a cabo. Pero nunca es tarde para iniciarse, así que vamos a desglosar algunos consejos y vamos a conocer a algunos autores para quien quiera sumergirse en ese maravilloso mapa que es el cuerpo humano con todo lo que conlleva y puede representar.

Lo primero: desarrollar una idea

Como todo trabajo artístico debemos, en primer lugar, desarrollar una idea. Es el punto de partida y el que condicionará el tipo de imágenes que vamos a buscar y cómo las vamos a realizar. Tenemos que plantearnos preguntas y de ahí tendremos un primer esbozo de proyecto: ¿para qué queremos fotografiar un cuerpo desnudo? ¿qué queremos transmitir?…

En muchas ocasiones buscaremos simplemente la belleza, una buena iluminación y algo directo y fresco. Pero si queremos llevar a cabo un trabajo más elaborado y que desarrolle nuestra creatividad mejor debemos plantear una idea más o menos profunda y desarrollada sobre la que desarrollar nuestras fotografías de desnudo.

Foto Robert Mapplethorpe

Para los que se inician en este tipo de fotografía lo mejor es comenzar mirando el trabajo de grandes maestros, ver cómo desarrollan sus ideas y cómo las plasmam en fotografías. Desde entender lo que quieren transmitir a detalles tan sencillos como el tipo de desnudos, si masculinos o femeninos, en estudio con luz artificial o natural y, por supuesto, las poses, el encuadre y la composición.

Un consejo añadido: si no queremos “imitar” y tampoco tenemos muy claro hacia dónde queremos ir, no pasa nada. Podemos empezar con una primera sesión, experimentar y ver lo que nos encontramos, sensaciones, ideas que nos surgen y empezar a perfilar esa idea, estilo o estética concreta a la que queremos llegar. Veremos que no es fácil arrancar, pero la fotografía de desnudo y la fotografía conceptual requiere trabajar bien la idea y planificar bien todos los detalles.

En busca de un modelo

Para llevar a cabo una sesión de fotografía de desnudo necesitaremos de un modelo. El autorretrato puede ser una opción, pero añade una dificultad añadida, así que lo ideal es buscar a alguien que quiera posar desnudo para nuestra cámara.

Al tratarse de fotografía de desnudo hay que ser bien claro y tener todo planificado para no llevar a confusión. Lo ideal es buscar algún amigo o amiga, familiar o alguien cercano, así con cierta confianza puede ser más fácil romper el hielo. Y si no tenemos a nadie que se preste siempre podemos contratar a un modelo profesional.

Otra opción muy frecuente es a través de intercambio o TFCD (Time for CD), que no es otra cosa que un intercambio entre modelo y fotógrafo sin dinero de por medio. La modelo posa sin coste y a cambio se le entregan fotografías de la sesión y viceversa. El fotógrafo realiza el trabajo de fotografía a cambio de entregarle a la modelo un número de determinado de las imágenes realizadas. Esta opción es muy adecuada cuando se está comenzando aunque es aconsejable hacerlo bien, con un contrato y tener todo bien atado para evitar confusiones para ambas partes.

Importante recalcar el uso que haremos de las fotos (para nuestro portolio, mostrar online,…) y el que tendrá las fotografías que entregamos a la modelo de intercambio (que solo sean para su book, que no pueda venderlas…), así como otros detalles sobre dar siempre el crédito al autor y a la modelo.

A la hora de elegir modelo, ya tenemos que buscar lo que nos guste o queramos trabajar. El desnudo femenino es el más frecuente, pero no podemos obviar el masculino. Además del tipo de modelo: joven, mayor, delgado, alto, tatuado, de alguna raza concreta…

La sesión con modelo desnudo

Foto Nino Veron

Insisto en la importancia de tener todo bien planificado, aunque nos guste la improvisación, en este tipo de fotografía y cuando se trabaja con modelo más nos vale tener todo bien organizado para sacar el máximo provecho a la sesión. Hay que determinar bien el tiempo que vamos a emplear, dónde se va a realizar (lo ideal es un estudio o bien un lugar cómodo donde podamos improvisar un estudio) y lo que vamos a necesitar (peluquería, maquillaje y preparación de la escena: fondo, atrezzo, objetos…).

Del mismo modo, tenemos que ver si tenemos opciones para utilizar iluminación de estudio o bien optamos por la luz natural. Esto condicionará el lugar que tendremos que tener preparado para conseguir los mejores resultados. La luz natural puede ser un buen punto de partida y nos podemos ayudar de reflectores para potenciarla.

También podemos estudiar una opción en exteriores, para lo cual también tendremos que seguir los mismos pasos: encontrar la localización adecuada, la luz y todo lo que necesitemos trabajar cómodamente. Un ejemplo clásico en este sentido puede ser el fotógrafo Wynn Bullock:

A la hora de trabajar con un modelo, ya sea mujer u hombre, desnudo debemos intentar mantener una situación relajada, donde cada uno sepa lo que tiene que hacer pero sin caer en el encorsetamiento. Hay que ganarse la confianza del modelo para que pueda posar y colocarse como le indiquemos. Así que puede ser de gran ayuda no estar solos y tener a alguien de asistente.

No resulta fácil enfrentarse a una sesión con un modelo desnudo, puede hacer que afloren nuestros miedos, inseguridades o que nos cohibamos… por lo que es de gran ayuda contar una buena planificación, relajarse y disfrutar. Porque, al final no es mucho más que una sesión de retrato y cuanto más naturalidad consigamos mejores resultados podemos obtener.

Traza líneas rojas

Esto es un punto que puede ser conflictivo. El desnudo artístico se puede entender de muchas formas pero siempre hay que tener claro donde está el límite. Donde es fotografía artística y donde empieza a convertirse en otra cosa (fotografía erótica, aunque puede serlo igualmente o bien pornografía). Ese límite debemos tenerlo claro y debemos transmitirlo igualmente a nuestro modelo. Dejar claro lo que buscamos, lo que queremos mostrar y cómo hacerlo.

Habla y crea un clima cómodo

Es vital que no nos escondamos tras la cámara y nos limitemos simplemente a encuadrar y disparar. Debemos crear un clima cómodo y relajado donde nuestra modelo pueda sentirse bien y posar sin tensión. Hay que ganarse su confianza y lo mejor es hablar y dialogar. Si en algún momento se produce una situación incómoda o de tensión, pues hay que saber cambiar o parar si es necesario. Ya que esto se aprecia en el retrato, si la modelo no está cómoda o relajada la foto no va a funcionar bien.

¿Qué equipo utilizar?

No es necesario ningún equipo especial, aunque algo que sí nos será muy útil es una óptica de calidad entre un 35 mm y un 120 mm (dependiente del tipo de foto y el espacio que dispongamos), un trípode y reflectores. Si vamos a trabajar con luces de estudio, pues necesitaremos los correspondientes flashes y modificadores. No debemos obsesionarnos con tener un equipo muy amplio y completo, para comenzar podemos trabajar con nuestra cámara. Aquí la importancia está en desarrollar la idea y experimentar más que en la tecnología a usar.

La iluminación: la clave para transmitir

Foto George Agasandian

Si no estamos muy puestos en iluminación de estudio podemos pedir ayuda o probar con un esquema muy simple. Podemos usar luz natural y reforzarla con luz continua de una lámpara o bien podemos usar un punto de luz con flash.

Es clave tener claro cómo iluminar un cuerpo desnudo porque con ello dependerá de cómo se muestra y lo que transmite, así que ideal si previamente a una sesión de desnudo podemos hacer las pruebas oportunas y determinar qué luz es la que mejor se adecua a lo que queremos transmitir.

Podemos optar por fotografías en clave alta o clave baja, jugar con los elementos de la escena, primeros planos… incluso con la temperatura de color. Todo encaminado potenciar lo que estemos buscando, ya sea definir o potenciar determinadas formas con luz dura o las texturas con luces suaves.

Cómo posar para la fotografía artística de desnudo

Foto Romay WG

Es otra de las claves. Determinará lo que mostramos y lo que queremos contar. Podemos optar por poses naturales donde potenciar la belleza con una mirada directa a cámara (en un estilo más cercano a la fotografía de moda o glamour), o bien podemos buscar otras opciones donde la creatividad entra más en juego.

Debemos decidir si queremos mostrar el cuerpo explícitamente o preferimos sugerir, mostrar parcialmente. Lo ideal es que la modelo no mire directamente a cámara o, si lo necesitamos, que lo haga expresando algo concreto.

Tengamos en cuenta que para el posado también dependerá del modelo. Si es más mayor o menos flexible condicionará el tipo de posturas. En todo caso deja también que tu modelo colabore, improvise y ofrezca más opciones a la hora de posar. A veces nos podemos sorprender y encontrar algo que no esperábamos y que nos funciona muy bien.

Aprende de los mejores fotógrafos de desnudos

Como indicaba al comienzo, buscar un punto de partida entre el trabajo de los grandes fotógrafos nos puede ayudar a orientarnos. Del mismo modo si queremos seguir desarrollando nuestras ideas y planetar más fotografías de desnudo.

Nos podemos sumergir en el universo de grandes clásicos del género como Edward Weston, Bill Brandt, Man Ray o Lucien Clergue, o bien otros con estilos diferentes como Helmut Newton o Patrick Demarchelier más cercanos al mundo de la moda.

Podemos ir más allá y utilizar el desnudo para mostrar obsesiones, fantasmas o simplemente proyectar frustraciones, deseos, pasiones, sueños… y para ello debemos sumergirnos en el universo personal de autores tan destacados como el checo Jan Seudek o el japonés Nobuyoshi Araki, así como el controvertido Robert Mapplethorpe (muy destacado por su trabajo con desnudos masculinos, por cierto).

La fotografía de desnudo también ha sido cultivada por muchos fotógrafos no necesariamente especializados en este género, pero que sí lo han explorado con talento. Ejemplos hay muchos, desde Lee Friedlander a Joel Meyerowitz, desde Harry Callahan a Emmet Gowin.

Entre los autores contemporáneos más destacados podemos apuntar diferentes estilos tan personales como los de Bettina Rheims (desnudos con toque de erotismo), Bill Henson (polémico con sus imágenes oscuras y llenas de misterio), Todd Hido (con retratos de ficción fascinantes), Tamara Lichtenstein (captura la juventud y muy activa en redes como Instagram) o Jocelyn Lee (retratos escenificados) entre otros.

O los más cercanos a la fotografía de moda y glamour como Peter Lindbergh (prestigioso retratista y fotógrafo de moda) o Russell James (famoso por ser el fotógrafo de los ángeles de Victoria’s Secret).

¿Y españoles? No podemos olvidarnos de grandes nombres en este género que tenemos más cerca como Miguel Oriola, el gran Rafael Navarro, mi amigo Rafael Roa (que cuenta con un blog de referencia en este género) o el más joven Pablo Almansa.

Fuente: Xataka.com/fotografía Autor: Jesús León @jesusleong

Información relacionada:

La historia de la fotografía de desnudo.
Corpografía: El cuerpo en la fotografía contemporánea.
La liberación del desnudo masculino en el siglo XX.

Diez preguntas que siempre quisiste hacerle a un nudista

Estar desnudo podrá ser lo más natural del mundo, pero también es de lo más incómodo. Para la mayoría de los seres humanos se necesita de una fuerza interior, de mucha confianza y tener una actitud muy positiva para estar completamente cómodos sin ropa alrededor de otras personas.

Existe un grupo de personas que cuenta con todas esas características y se llaman naturistas, o nudistas. Ambos términos (a pesar de que el “nudismo” se refiere más al acto de estar desnudo y el “naturismo” más al estilo de vida) se reducen a la misma cosa, son un grupo de personas con el trasero desnudo que conectan con otros cuyos traseros también están desnudos.

Danny, de 34 años, de Amsterdam ha ido a las playas y campings naturistas desde que empezó a caminar, y por lo tanto, está muy familiarizado con la sensación del sol y la brisa recorriendo los rincones más oscuros de su cuerpo. También se siente muy cómodo con desnudarse frente a otras personas. Me puse en contacto con él para entender cómo es ese estilo de vida.

VICE: ¿Por qué eres nudista?

Danny: Lo he sido desde que tengo memoria. Mis padres me llevaron a un camping naturista por primera vez, cuando tenía unos tres años. Era su primera vez también. Les encantó tanto que decidieron pasar cada verano en campings naturistas en el sur de Francia. Para mi es muy normal. Me siento totalmente cómodo desnudo en la playa, en el mar o en un camping.

¿Qué tiene de bueno caminar desnudo?

En el momento en que estás desnudo, no hay restricciones, no hay reglas. En la vida cotidiana es normal usar ropa, pero en realidad es una regla muy rara y todos hemos acordado seguirla. No sólo yo, a todos los que he llevado a una playa naturista o a algún camping parecían disfrutar realmente de la sensación de libertad que tiene romper esa regla. Simplemente, el hecho de caminar desnudo es un placer natural y esencial.

Cuando estás rodeado de otras personas desnudas, ¿no quieres ver hacia otro lado? Al igual que con las personas mayores, por ejemplo?

No, en absoluto. Creo que las personas desnudas son hermosas. Especialmente las personas mayores, por ejemplo, una señora de 80 años en la playa, para mí, parece mucho más natural y hermosa cuando camina desnuda que cuando intenta encajar en un bikini.

¿Cómo debo prepararme mentalmente si pienso ir a una playa naturista por primera vez?

Como para mi es muy normal, me cuesta trabajo decirle a la gente para qué se tiene que preparar. La experiencia de ver gente desnuda todo el día es algo que no puedo explicar. Si es tu primera vez, creo que el mejor consejo que te puedo dar es tomarlo con calma. Quizás llevar una toalla.

¿Cuál es el inconveniente de estar desnudo todo el día? ¿Existe un riesgo mayor de que los bichos lleguen a tus partes privadas?

No. Creo que el mayor riesgo cuando estás desnuda al sol todo el día es que te quemes el trasero. Tienes que asegurarte de ponerte suficiente protector solar en todas partes, especialmente allí abajo. Tu culo nunca se ha expuesto tanto al sol, entonces el primer día está muy blanco y al otro día estará muy rojo. Cuídate del sol. Confía en mí, es muy doloroso.

¿Estar desnudo todo el día te hace querer coger más que cuando estás vestido?

Irónicamente, cuando todo el mundo está desnudo, no queda mucha tensión sexual. Por ejemplo, creo que hay menos energía sexual en un camping nudista que en un antro por la noche. Eso no quiere decir que no te puedas sentir atraído por alguien que conozcas allí, pero eso también ocurre en la vida normal con ropa. Es un poco más difícil para los hombres, porque realmente no se puede esconder una erección. Si te pasa, te lo tienes que cubrir, caminar por ahí con una erección está mal visto. Por supuesto, un hombre puede tener una erección mientras se queda dormido en la playa; es desafortunado, pero no hay mucho que se pueda hacer al respecto.

Cuando te sientas en una silla en un sitio nudista, ¿no es un poco desagradable darte cuenta de que cientos de senos y escrotos desnudos han estado en la misma silla antes que tú?

La regla de oro aquí es que siempre tienes que poner tu toalla antes de sentarte en cualquier lado. En un restaurante nudista o en las sillas de camping de tus amigos, llevas tu propia toalla, de esa forma tus partes nunca tocan las sillas. Es muy importante, y si no lo haces la gente te va a juzgar.

¿Hay alguna otra regla de oro?

Claro, muchas. Por ejemplo, no es socialmente aceptable tomar fotos o videos en un sitio nudista. Si lo haces, es posible que alguien que no conoces aparezca en el fondo, desnudo. Otra es que se te permite llevar ropa si quieres, si hace frío o está lloviendo. Excepto en las playas nudistas, no puedes usar traje de baño.

¿Alguna vez te has sentido inseguro en un sitio nudista?

No. Es muy seguro, es tan seguro que puedes mandar a tus hijos a jugar y no verlos hasta la noche. Por supuesto, hay una cerca alrededor de los campings nudistas, eso ayuda.

¿Le dices a la gente que eres nudista?

No es necesariamente la primera cosa que le cuento a alguien sobre mí. Pero si surge, soy abierto al respecto. Para ser honesto, es una buena forma para iniciar una conversación. La mayoría de los chicos a los que les digo que soy nudista, dicen: “Yo voltearía a ver a las chavas todo el tiempo”.

Sé que a mi hermanita le costaba mucho trabajo ser abierta sobre la manera en que mi familia pasaba los veranos. En la escuela, le preocupaba que cuando se bañara con sus compañeros después de la clase de educación física, se dieran cuenta de que no tenía marcas de bronceado y le empezaran a hacer preguntas. Una amiga mía que también ha sido nudista toda su vida me dijo que solía preocuparse por lo mismo. Tenía miedo de que sus compañeros le preguntaran por qué su trasero y sus tetas estaban igual de quemadas que el resto de su cuerpo.

Fuente: Vice.com publicado originalmente en Vice Netherlands.